Mejorar la salud de la población implica saldar, en parte,
la enorme deuda social que existe en nuestro país y es,
asimismo, un requisito indispensable para la igualdad de oportunidades,
el mejoramiento de la calidad de vida; contribuyendo así a
elevar el nivel de bienestar de la sociedad en su conjunto.
El mejoramiento sostenido de la salud de los paraguayos y paraguayas
no se podrá lograr solo con el accionar del Ministerio
de Salud Pública y Bienestar Social, sino con el compromiso
y la participación de todos los actores. Aunque se tenga
el mejor ministro o ministra de salud, si no se adecua la estructura
organizacional y de gestión del MSPyBS, y no se logra
incorporar efectivamente a la comunidad, autoridades locales
y regionales en la gestión de los servicios de salud,
los resultados que se obtendrán serán bastante
limitados y modestos.
En ese sentido, la descentralización brinda el soporte
organizacional, operativo y el contexto participativo necesario
para que el sistema de salud pueda alcanzar los objetivos de
lograr una cobertura universal, eficiente y equitativa. La descentralización
otorga protagonismo a los municipios, gobernaciones, la comunidad
organizada en Consejos de Salud y otros espacios comunitarios,
para que juntos, todos, busquen la forma de mejorar y potenciar
los servicios y programas de salud, para posibilitar que estos
lleguen a todas las personas, especialmente las más pobres
y vulnerables, que están excluidas de los servicios institucionales
que brinda hoy un sistema sanitario estructurado de forma centralizada.
Es necesario unir los esfuerzos de manera racional e inteligente,
integrando intersectorialmente los recursos: gobernación,
municipios, Ministerio de Salud, sociedad civil y comunidad en
general; siguiendo el objetivo común de lograr una mejor
atención a las necesidades postergadas del pueblo. La
manera de hacerlo es a través del proceso de descentralización
de salud, enmarcado en un proceso más amplio que es la
reforma sanitaria.
La descentralización no es un sistema perfecto, pero sí es
más democrático y brinda mejores posibilidades
de solucionar los problemas, ahí mismo donde se originan.
Y tal como se expresa en un documento de la Cepal “si el
desarrollo (y por consiguiente, el mejoramiento de las condiciones
de salud) es un producto de la propia comunidad, no serán
otros, sino sus propios miembros quienes lo construyan”.