Hija de un reconocido caudillo de Caazapá y miembro de
uno de los clanes más influyentes de la zona, Adela María
Luz Sarubbi de Martínez (46) asegura que entró en
la política por casualidad.
Se casó muy joven, con apenas 19 años. Por varios
años se dedicó a la familia, los hijos y el hogar,
pero sentía que todavía necesitaba encontrar un
espacio donde aportar a su comunidad. “Comencé a
militar dentro de un partido político lo que me catapultó a
salir afuera y así me gané un espacio”, cuenta.
Se considera una andariega. En el transcurso de los 27 años
de casados, la familia residió en diferentes ciudades,
pero una enfermedad de su madre le forzó a retornar a
su ciudad natal. “Al principio no pensé nunca en
volver a Caazapá”, cuenta. Y fue justamente el reencontrarse
con el terruño y los recuerdos de la infancia lo que la
motivó a entrar a la política y convertirse en
una persona pública.
El apellido “Sarubbi”, en algún momento se
convirtió en una carga para ella. Esta familia de ascendencia
italiana constituye uno de los clanes más influyentes
de Caazapá, lo que tiene sus pro y sus contras. “
Cuando era chica, muchas veces me pesó el apellido Sarubbi”,
relata Adela.
“Por un lado me abría puertas, pero muchas veces en la
escuela me marcaban o me marginaban. Gracias a Dios en mi familia
supimos hacernos como una coraza y tratamos de demostrar que
nosotros no somos “un apellido”, sino que nosotros
teníamos defectos y virtudes como cualquier otro. Así aprendí a
llevarlo y a quererlo muchísimo”, comparte.
Adela recuerda que de niña, su casa siempre estaba llena
de gente que recurría a su padre por ayuda.
Don Roque Sarubbi fue senador nacional, pero dentro de su comunidad
era maestro, doctor, sacerdote. Adela y su madre se encargaban
de la logística para que no faltara nada. Eran quienes
recibían a la gente y cocinaban para todo el que llegara.
Adela lo califica como “el trabajo doméstico de
la política”. De esa época guarda muchos
recuerdos. “Nuestra casa siempre estaba llena de gente.
Era compartir todo, porque a veces mamá repartía
hasta nuestra ropa a los que necesitaban, incluso no comíamos
para darles a los que llegaban hasta casa desde lejos. Esas cosas
que me marcaron”.
Cuando falleció el padre, hace 15 años, su esposa
y los tres hermanos hicieron el juramento de que no iban a continuar
con esa vida y que iban a concentrarse más en su propia
familia. Pero el ejemplo con el que crecieron fue más
poderoso. “Mi padre siempre nos inculcó hacer el
bien y siempre trabajó por la comunidad”, cuenta.
Así cuando se presentó una oportunidad, ingresó a
la política. Le pidieron suplir una vacancia de dirigente
en el distrito de Maciel, donde incluso llegó a candidatarse
como intendenta. Perdió por cuatro votos. “Fue una
buena experiencia, un sufrimiento, pero después una liberación
grande”. De la trastienda subió al escenario.
Adela reconoce que compatibilizar los roles que la sociedad espera
de la mujer es complicado. “A las mujeres nos cuesta muchísimo
activar en otros ámbitos, porque siempre tenemos problemas
en el hogar, los hijos, además no tenemos horarios”,
sostiene. Por su parte ella se complace de tener un excelente
soporte familiar.
Desde hace 7 años trabaja como secretaria de la mujer
de la Gobernación de Caazapá. Durante un año
estuvo comisionada en la Municipalidad y fue a través
de esta institución que se involucró con el Consejo
Local de Salud. Cuando volvió a su cargo en la Gobernación,
el Intendente la mantuvo como presidenta del Consejo. Además,
26 años después de haber terminado la secundaria,
decidió iniciar sus estudios universitarios. Ahora va
al segundo año de Derecho. Estudiar “era la espinita
que tenía en el calzado”, cuenta.
Incansable, apunta que todavía tiene muchas metas por
alcanzar y considera que el secreto de la felicidad está en
amar lo que uno hace.
“Creo que la felicidad se hace uno mismo, cuando una se siente
bien está la felicidad, cuando una se siente mal no hay
la felicidad. Por eso trato siempre de ser positiva y tomar las
cosas como vienen”.
En Villeta
Víctor Hugo Centurión Achón (41) se involucró en
el área de la salud hace más de 10 años,
cuando un inconveniente de salud casi cuesta la vida a su hija
recién nacida. La cruda experiencia que le tocó vivir
revivió en él el ejemplo que había recibido
de su padre, quien durante años se desempeñó como
autoridad municipal. Él también sintió la
necesidad de asumir protagonismo en su comunidad.
“
Siempre fuimos una familia preocupada por el bienestar y de que
las cosas se traten de hacer lo mejor en nuestra comunidad”,
explica. Desde chico, Víctor percibía como la actividad
absorbía por completo a su padre, que pasaba muy poco
tiempo en la casa. “Yo veía que se pasaba trabajando
todo el día”, recuerda.
Cuando se casó y nació su primera hija, el actual
presidente del Consejo de Salud de Villeta optó por concentrarse
en asegurar el mantenimiento de su nuevo hogar.
Fortaleció una inmobiliaria y el negocio de la ganadería. “Cuando
uno tiene una familia debe dedicarse a esa parte más personal”,
considera Víctor Hugo.
Pero un acontecimiento en su vida le marcó claramente
el rumbo que debía seguir. Su segunda hija nació prematura
y la atención en sus primeros meses de vida representó múltiples
inconvenientes para la familia. “Nosotros tuvimos la suerte
de poder irnos hasta Asunción y tratar a nuestra hija
y a mi señora en un sanatorio privado. Tuvimos la posibilidad
de hacerle atender lo mejor que pudimos, pero desde ese momento
me pregunté que sería de nuestros compueblanos
pobres cuando se les presentaba algo así”.
La familia asumió con plena conciencia que no toda la
ciudadanía tiene oportunidad de acceso a la salud. “A
partir de ahí sentí una fuerte motivación
para trabajar por apoyar y mejorar el campo de la salud en Villeta”,
relata.
La necesidad en la comunidad y la sensación de poder aportar
esfuerzo para que las condiciones de vida mejoren motivaron su
incursión en el plano comunitario. “Yo decidí elegir
este camino junto con mi familia para tratar de hacer algo por
mi pueblo”.
El proceso fue metódico. Primero se reunió un grupo
de referentes de la comunidad para conformar la primera comisión
de salud, en apoyo al Centro de Salud de Villeta. A través
de la autogestión consiguieron la construcción
de un laboratorio y la terminación de un Puesto de Salud
en la compañía Tacuatí. En la última
elección Víctor Hugo fue electo concejal municipal.
“
Creo que eso pudo concretarse porque provengo de una familia
que conoce de desarrollo de comunidades y problemas sociales.
Pienso que el futuro podría serle útil a mi comunidad
como autoridad, porque la única forma de llegar a ser
autor de una situación de cambio es tomando partido a
favor de la comunidad”, expone.
En Villeta, la primigenia comisión de salud adquirió estatus
legal y se convirtió en Consejo de Salud.
En los últimos años fueron creados además
Subconsejos de Salud y habilitadas Farmacias Sociales en compañías
del distrito. El centro de salud pasó a ser un hospital
distrital y ostenta mejoras edilicias.
“Ahora estamos trabajando por integrarnos plenamente a la descentralización
y manejar nuestros recursos propios de salud. Estamos preparados
para eso”, plantea.