El enfoque de la nueva gestión pública ve a la
centralización y su burocracia no sólo como un impedimento
a la gestión eficiente, sino también, como un factor
que va en contra de los intereses colectivos. Esa burocracia es
identificada como una barrera a una democracia plural, por su
sesgo centralizador y por brindar poco espacio de participación
real. No basta con la legitimidad de origen, otorgada por el voto
popular. La ciudadanía tiende cada vez más a evaluar
la gestión pública por los resultados.
Hoy, el ciudadano desea ser protagonista, consultado, atendido
y satisfecho. La nueva legitimidad sobre la cual deben recomponerse
las administraciones públicas es en base a la prestación
de servicios a los ciudadanos.
En esa línea, la descentralización es parte de la
nueva gestión pública, y en el caso del sector salud
brinda el soporte organizacional, operativo y el contexto necesario
para alcanzar los objetivos de lograr una cobertura universal,
eficiente y equitativa, pues el logro de dichos objetivos y el
mejoramiento sostenido de la salud de los paraguayos y paraguayas
no se podrá lograr solo con el accionar del MSPyBS, sino
con el compromiso y la participación de todos los actores.
En los próximos meses asumirán nuevas autoridades
en nuestro país y, aunque venga el mejor ministro o ministra
de salud, si no se adecua la estructura organizacional y de gestión
del MSPyBS y no se logra incorporar efectivamente a la comunidad
y autoridades locales y regionales en la gestión de los
servicios de salud, los resultados que se obtendrán serán
bastante limitados y modestos.
La descentralización no es un sistema perfecto, pero sí
es más democrático y brinda mejores posibilidades
de solucionar los problemas allí mismo donde se originan;
y es, además, una herramienta clave en la consecución
de dos de los ocho objetivos de desarrollo del milenio: reducir
la mortalidad infantil y mejorar la salud materna.