Paso a paso. Es la manera en que plantea el Ministerio de Salud
Pública implementar un sistema que garantice la gratuidad
de la atención sanitaria. Servicios de salud de calidad
para todos y no sólo para el que pueda pagar. Pero ¿cómo
implementarlo?
El ente rector sanitario ha ido extendiendo la franja de consultas
gratuitas en forma paulatina. Hasta el 2004, tanto niños
como adultos, hombres y mujeres, debían pagar 5.000 guaraníes
por una consulta médica. La primera medida de cambio se
tomó a mediados de ese año, al exonerar el arancel
de las consultas para las embarazadas, así como a menores
de 5 años. Meses después, esta disposición
se amplió a los menores de 10. Más recientemente,
el pasado mayo, las autoridades ministeriales resolvieron incrementar
aún más la franja etárea de la atención
gratuita. Desde el 21 de mayo de 2007, todos los pacientes pediátricos
y los adolescentes menores de 19 años tienen liberado el
costo de las consultas y de las internaciones.
Preocupación
Esta propuesta de gratuidad es atractiva para los médicos
que están en contacto con los pacientes en hospitales y
centros de salud del interior, quienes conocen de cerca las necesidades
de la población más humilde. Pero, sin embargo,
preocupa seriamente el déficit en infraestructura que persiste
en casi todos los servicios.
“La gratuidad es una decisión que va a favor de la
población. Aparentemente es algo muy lindo, es lo ideal,
pero ¿qué pasa en la práctica? Nosotros no
contamos con los recursos necesarios para prestar todos los servicios
que la población requiere”, plantea la doctora María
del Rocío Aparicio, directora del Hospital Regional de
San Pedro.
Preocupa a los responsables que el paciente llegue con necesidad
de un tratamiento y que el hospital no esté en condiciones
técnicas de ofrecer. “Ahora van a decir que nosotros
somos unos mentirosos, porque el Ministerio afirma que todo va
a ser gratis, llegan hasta al hospital y nosotros no podemos brindarle
los servicios. Primero deberían equipar los hospitales”,
afirmó la profesional con clara preocupación.
Una visión similar tuvo el doctor Francisco Guerrero, director
regional de Alto Paraná. “Para nosotros es saludable
ofrecer la gratuidad, pero eso debe ir acompañado con una
fuente de financiación que pueda subsidiar la falta de
recursos económicos que va a traer aparejado este programa”,
planteó.
Según el Director Regional de Alto Paraná debe definirse
previamente cómo se recaudarán los recursos que
actualmente provienen del cobro de aranceles, ya sea a través
de un aumento del presupuesto general destinado a la Salud Pública
o mediante aportes de entidades binacionales como Itaipú
y Yacyretá, según su criterio.
Por su parte, el director del Hospital Regional de San Juan Bautista,
doctor José María Guerrero, planteó que las
gobernaciones y las municipalidades deben asumir parte de la financiación
de la atención sanitaria, tal como lo establecen las leyes
pero que muchas veces no se cumple. “Hay que replantear
este tema, porque la salud no espera y sin recursos no hacemos
nada”, remarcó.
En estudio
El mismo director de Servicios de Salud del Ministerio, Carlos
María Romero, reconoció que aún no está
estudiada la forma en que se financiarán a futuro las exoneraciones
de los aranceles. “Vamos a buscar para ver quién
puede dar mañana dinero para solventar los gastos de Fuente
30 (recursos propios), que son los ingresos que se recauda cada
hospital. De alguna manera vamos a tener que sobrecargar parte
de Fuente 10, que es lo que aporta Hacienda. Pero eso ya va a
ser una estrategia política, en el sentido de que toda
esta problemática que se sucede con la gratuidad alguien
tiene que absorber. Este tema todavía no está bien
estudiado porque esto es una resolución reciente”,
afirmó.
En general existe coincidencia en que se debe tender a un acceso
universal y gratuito a la salud, pero es imprescindible que el
Ministerio de Salud Pública dote a los establecimientos
de toda la infraestructura necesaria tanto en personal como en
insumos para responder a la demanda. De lo contrario, solo se
están creando falsas expectativas.