La Ley 3.007 es el instrumento jurídico que transfiere
a los Consejos Regionales y Locales de Salud el poder de administrar
en forma autónoma los recursos institucionales de los centros
asistenciales. El hecho de que esta ley haya sido promulgada el
21 de setiembre está cargado de un fuerte simbolismo, y
ya dependerá de las propias comunidades y de sus dirigentes
que la consagración de esa herramienta legal marque el
inicio de una nueva era de florecimiento de la descentralización
de la salud.
La promulgación de la Ley 3.007 constituye un gran paso
en la modernización del Estado, hacia la real descentralización
de los servicios públicos de salud. Pero tampoco se puede
perder de vista que la sola aprobación de la misma puede
resultar poco trascendente en un país donde el sistema
de legalidad es aún débil, donde muchas de las leyes
son letra muerta.
Esta ley da a las autoridades locales la oportunidad de desarrollar
un nuevo modelo de gestión de la salud pública basado
en la administración descentralizada, que sea más
eficaz en satisfacer las necesidades de cada comunidad. Al mismo
tiempo, administrar los recursos de la comunidad genera una mayor
responsabilidad de las organizaciones locales respecto de los
resultados de los programas y la calidad de los servicios de salud.
Ahora que la ley está promulgada, la lucha debe continuar
para que ella tenga plena vigencia y para que se renueven y amplíen
los acuerdos de descentralización firmados entre el Ministerio
de Salud Pública y los Consejos Regionales y Locales de
Salud que comenzarán a fenecer en julio del próximo
año. No se puede dejar de notar con inquietud que durante
las dos últimas administraciones del Ministerio de Salud
no se ha formalizado ningún nuevo acuerdo de descentralización,
ni se ha vuelto a reunir el Consejo Nacional de Salud.
Los dirigentes de las comunidades deben sacar provecho de la
nueva ley para acometer metas más ambiciosas y llegar más
lejos en sus planes de descentralización de la salud. Pero,
al mismo tiempo, deben también seguir exigiendo que las
autoridades del gobierno central asuman un compromiso auténtico
y manifiesto con la descentralización de la salud, de manera
que el proceso no se reduzca a un esfuerzo aislado y unilateral
de los gobiernos locales frente a la desidia y la indiferencia
de las autoridades nacionales y de la clase política.
La descentralización es una responsabilidad de todos y
debe ser construida por todos.