El reconocimiento legal del legítimo derecho de los Consejos
Regionales y Locales de Salud de administrar los recursos generados
en sus comunidades, constituye un hecho político trascendente
que señala un decisivo y promisorio avance de la descentralización
de la salud pública en el Paraguay. La promulgación
de la Ley 3.007, que modifica y amplía la Ley 1.032 del
Sistema Nacional de Salud, es un importante triunfo de las comunidades
que desde hace varios años vienen trabajando denodadamente
para desarrollar un nuevo modelo de gestión de los servicios
de salud, que sea funcional a la democracia participativa y responda
de manera más oportuna y efectiva a las necesidades de
la gente, en especial de los sectores menos favorecidos de la
población.
Hasta ahora se habían dado importantes avances en el proceso
de descentralización de la salud, con exitosas experiencias
de participación de los miembros de las comunidades en
la organización local de los servicios de salud. Pero,
a pesar de los notorios resultados beneficiosos, la pervivencia
del modelo centralizado de administración representaba
una limitación que dificultaba seriamente la profundización
de dicho proceso.
Si bien ya se había logrado instalar el imperativo de la
descentralización como tema prioritario de la agenda política,
todavía el marco jurídico no estaba acondicionado
a la nueva realidad que los logros de las comunidades estaban
creando. Aunque se trataba de un instrumento jurídico adoptado
recientemente, la Ley 1.535 de Administración Financiera
del Estado respondía aún al viejo paradigma y obligaba
a las unidades asistenciales del interior del país a transferir
a la Administración Central del Gobierno la totalidad de
los ingresos generados por ellas mismas.
De ahora en más, los Consejos Regionales y Locales de Salud,
que tengan firmado acuerdos con el Ministerio de Salud Pública
-órgano rector del proceso- podrán disponer de sus
recursos propios para mejorar y ampliar los servicios de salud
de sus comunidades, adquiriendo de pleno derecho una mayor autonomía
administrativa que les permitirá avanzar más rápido
que antes en los procesos de descentralización en que están
empeñados. Ahora la descentralización de la salud
posee la institucionalidad orgánica que necesitaba para
alcanzar mayores logros.
Es muy positivo que las instituciones de la democracia hayan dado
este gran impulso a la descentralización, que sin duda
alguna favorecerá enormemente el acceso de los más
pobres a los servicios de salud. Pero también hay que decir
que el mérito corresponde principalmente a las comunidades
y sus autoridades departamentales y municipales, que lucharon
incansable y tenazmente para promover el cambio de la legislación
e incidir en la clase política. Gracias a sus esfuerzos,
se abren nuevos horizontes la descentralización real.