A mitad de la noche, Uwe Spindler pisa el
acelerador y se aferra al volante. Todavía le faltan 50
kilómetros para llegar al sanatorio. En el asiento trasero
escucha sollozar a su hijito con una fiebre obstinadamente alta
y por primera vez el recorrido entre Altos y Asunción se
le hace interminable.
No es falta de costumbre. Este inconfundible descendiente de alemanes,
de pelo rubio, acento tosco y ojos claros, conduce dos veces al
día la misma distancia, de casa al trabajo y viceversa.
Nunca se le pasó por la mente mudarse a la capital. Le
gusta la naturaleza que envuelve el pueblo donde nació
y al que llegaron sus abuelos inmigrantes hace 80 años.
Cuando viajó a Europa para estudiar después de terminar
la secundaria, añoró su hogar durante 21 años
hasta que decidió volver. La madre patria siempre
le llama a uno de vuelta. La tierra estira, confiesa. Retornó
a su caliente país natal con una maleta cargada de insoportables
abrigos que afortunadamente ya no necesitaría y con un
título de master en comercio internacional, que le abriría
puertas para un trabajo bien remunerado como jefe del departamento
de garantías en una importadora de automóviles de
lujo.
Al poco tiempo nació su primera hija y tres años
después su nene, que ahora vuela de fiebre en el asiento
trasero del auto. Acelera el vehículo. No es el caso
que teniendo un hospital tan bueno y equipado en Altos tenga que
estar viajando en casos de urgencia hasta Asunción. Viajar
de noche con mi hijo por una fiebre alta no tiene sentido, cuando
esto se puede solucionar en Altos, se repite como pactando
un compromiso.
En Alemania es diferente. Ahí el seguro de salud cubre
absolutamente toda la atención médica, sea el paciente
un trabajador o un desempleado, un alemán o un extranjero.
¿Acaso no se puede hacer eso acá?, se
pregunta Uwe. Paraguay tiene muchas posibilidades y riquezas.
Tiene la agricultura y la exportación de productos cárnicos.
Es un país chico que si se administra bien tendríamos
que vivir todos como reyes. El hombre cree genuinamente
que trabajando con los jóvenes se puede avanzar en el país
y que la base del cambio es la educación. Lógicamente
hay que hacerlo paso a paso, reflexiona.
De esta anécdota hace ya un par de años. En Altos
soplan ahora ciertos vientos de cambio que entusiasman a Uwe y
al resto de la comunidad. Organizamos un Consejo de Salud
y así me puse a trabajar, cuenta el actual tesorero
de la organización, cargo que ocupa como todos los demás
miembros, desinteresadamente en su tiempo libre.
En marzo de 2005 el Consejo Local de Salud de Altos firmó
un acuerdo de descentralización con el Ministerio de Salud
Pública y a partir de mayo comenzaron a administrar los
recursos recaudados en el hospital distrital. El establecimiento,
que en el 2002 había sido totalmente refaccionado, ampliado
y equipado a partir de un crédito del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) dejaba mucho que desear. Las paredes se habían
puesto negras por la humedad, los equipos que se descomponían
no se arreglaban por falta de presupuesto y nunca había
insumos para la atención.
Pero algo cambió. Desde que el Consejo asumió la
administración del establecimiento, la disponibilidad fácil
de recursos permite invertir en insumos medicinales y reparaciones
esenciales. Esto hizo que mejoráramos muchísimo,
no un cien por ciento, pero casi un 90 por ciento, tanto que hoy
vienen pacientes de cinco distritos hasta nuestro hospital, cosa
que antes era al revés, la gente de Altos se iba a ser
atendida a otros hospitales de la zona. Ahora nuestro servicio
es muy bueno, asegura Uwe.
Incluso él mismo ya no necesita cruzar cuatro ciudades
a mitad de la noche por una emergencia. Confía en la atención
que ahora ofrece el hospital de su pueblo. Uwe está orgulloso
de ser parte de este proceso. Si uno quiere hacer bien las
cosas, tiene que asumir responsabilidades en la comunidad. En
el tema salud yo veo los resultados y eso me da satisfacción,
concluye.
Compromiso
En San Juan Bautista (Misiones) también existen personas
que sienten complacencia por apoyar el proceso de descentralización
en salud. Es el caso de Miguel Ángel López, administrador
de la VIII Región Sanitaria, quien participó activamente
en la elaboración de un manual de procedimiento administrativo
para los Consejos de Salud.
En 17 años de trabajo el hombre asegura que quemó
todas las etapas posibles. Desde auxiliar hasta jefe de depósito,
pasando por chofer, operador de computadores, jefe de patrimonio
y perceptor. Cinco años después, cuando completó
la carrera de contador en la Universidad Católica de San
Ignacio lo nombraron como administrador general, donde continúa
hasta la fecha. Su eficiencia y empeño se confirman al
comprobar que en estos años hubo siete cambios de directores
en la Región Sanitaria, pero López sigue en el mismo
cargo.
Me encanta mi trabajo, aunque es un poco complicado, principalmente
por la cantidad de reglamentos, leyes y decretos que rigen la
función pública. Es difícil actualizarte
en el instante en que van saliendo, comenta.
Más difícil aún cuando la
oficina carece de internet y ni siquiera tiene computadoras.
Esas son las cosas que a veces dificulta desempeñar
en forma eficiente el trabajo en la función pública,
afirma.
Pero en sus once años como administrador lo más
terrible para Miguel Ángel no constituyó la falta
de acceso a la información, sino su imposibilidad de cubrir
la necesidad de insumos medicinales. Muchas veces hasta
tenías que meter la mano en el bolsillo y mandar comprar
cosas para el hospital con tu dinero. Tuve que hacerlo porque
no había desembolso y el hospital no podía esperar.
El funcionario afirma que desde el año pasado, con los
acuerdos de descentralización, se facilitaron las cosas.
Anteriormente la presión era bárbara y como
administrador poco o nada podía hacer. Hoy me siento más
liberado porque los Consejos resuelven los problemas urgentes.
Ahora, ese insumo que por problemas burocráticos no podías
acceder, el Consejo de Salud lo puede comprar. Lo que necesitás
lo tenés en el momento. Con la descentralización
se nos facilitaron las cosas, dice.
El principal aporte de Miguel Ángel al proceso de descentralización
fue su decidida participación en la elaboración
de un manual de procedimiento administrativo para los
Consejos Locales de Salud. Durante los primeros 12 meses de administración
descentralizada, cada uno de los cuatro distritos que firmaron
el acuerdo con el Ministerio de Salud cumplía pautas administrativas
distintas.
López colaboró en la sistematización de estas
experiencias, unificando criterios y redactando un reglamento,
que luego fue aprobado por el Consejo Regional de Misiones.
El documento establece normas básicas para garantizar la
transparencia. Contempla desde la asignación del presupuesto,
la definición de los insumos para la compra, su forma de
registro de ingreso y patrimonio, hasta la salida final de los
productos. Miguel Ángel desea que su trabajo pueda ser
aprovechado en los demás Consejos Locales de Salud del
país y servir de base al Consejo Nacional de Salud para
un reglamento a nivel nacional.
Me siento orgulloso de haber aportado mi grano de arena
a este gran edificio que se está construyendo. Me siento
muy satisfecho de formar parte de este emprendimiento, remarca.