La discrepancia entre el discurso y la acción a menudo
pone en evidencia la débil voluntad política de
los gobiernos de llevar adelante las transformaciones económicas
y sociales que el país necesita. Es el caso de la falta
de coherencia de la clase política en general, y del Poder
Ejecutivo en particular, cuando se trata de promover el proceso
de descentralización del sistema de la salud pública.
La descentralización constituye uno de los ejes estratégicos
de la Política Nacional de Salud 2005-2008 divulgada recientemente
y, sin embargo, en flagrante contradicción, son los propios
senadores del partido de gobierno quienes traban en el Congreso
la reforma legislativa requerida para que la descentralización
en salud siga avanzando.
La Política Nacional de Salud 2005-2008, que refleja las
ideas y los propósitos del gobierno del presidente Nicanor
Duarte Frutos, define como Estrategia A la reforma de la
salud como proceso gradual, participativo, generador de cambios
con descentralización para el fortalecimiento del Sistema
Nacional de Salud del Paraguay; y como Estrategia A5 la
descentralización en salud para, entre otras líneas
de acción, identificar y replicar modelos exitosos
de descentralización, co-gestión, participación
social y financiamiento en salud.
Estas declaraciones se quedan solo en el papel porque dentro del
gobierno y de la clase política existen sectores que no
desean la descentralización y que hacen uso de sus posiciones
e influencias para obstaculizar los procesos de descentralización.
En síntesis, la descentralización es importante
en el discurso, en la práctica no lo es. Pero no ha sido
siempre así, y debe mejorar en el futuro. De hecho los
avances concretos en el proceso de descentralización cristalizados
en los acuerdos entre el Ministerio de Salud Pública y
los niveles locales se viene realizando desde la aprobación
de la Ley 1032, pero el proceso no ha sido continuo con todas
las administraciones de salud pública.
En realidad, antes que un debilitamiento del nivel central del
Estado, el proceso de descentralización muestra el camino
de su transformación hacia un Estado más eficiente,
equitativo y democrático, como nos muestran las evidencias
en el caso de salud.
Por tanto, para que se consoliden los progresos alcanzados en
las 32 comunidades donde se está desarrollando la descentralización
en salud, es necesario que las organizaciones comunitarias y sus
líderes hagan uso del poder ciudadano para exigir a los
dirigentes políticos del país la adopción
de las medidas que permitirán profundizar los procesos
de descentralización. Como ha sido hasta ahora, los cambios
genuinos vendrán del esfuerzo de las propias comunidades.