Existen médicos que se definen como
enamorados de la salud pública. No es amor a primera vista.
Después de una formación académica enfocada
exclusivamente en la enfermedad como una consecuencia biológica,
chocan con la realidad y descubren que existen muchos otros factores
que determinan la salud. La falta de educación, el subempleo,
la mala alimentación como consecuencia de la pobreza, el
deterioro ambiental no son problemas que puedan resolverse en
un quirófano. Se necesita compromiso comunitario. Y ante
esta nueva perspectiva, nacen apasionados salubristas.
Para muchos de ellos la descentralización es un modelo
que les permite tener más recursos con qué trabajar.
En el sistema centralizado todas las decisiones son tomadas por
los directivos del nivel central, que casi no tienen contacto
con la gente. En el modelo de gestión local, en cambio,
la comunidad asume protagonismo y responsabilidades en el cuidado
de su salud. A pesar de los inconvenientes que se presentan en
su implementación la descentralización es la que
mejor coincide con los postulados de la salud pública.
Tanto Ricardo Pont, director de la 7° Región Sanitaria
Itapúa, como Raúl Arce Lledó, titular de
la 8° Región Sanitaria Misiones, hicieron sus primeras
armas como médicos en el interior del país, donde
ambos afirman haberse convertido en fervientes sanitaristas.
Contacto con la gente
Pont nació en San Ignacio, Misiones, pero estudió
en Corrientes y se especializó como cirujano en Buenos
Aires, porque era más fácil ir a estudiar
allá que hacerlo en Asunción, recuerda. Desde
la capital argentina, volvió al sur paraguayo, de donde
no se marchó.
El joven médico recién recibido se convenció
de que la prevención era la única forma de mejorar
la situación sanitaria, cuando le tocó hacer su
pasantía rural en dos hospitales del departamento de Itapúa,
tres días a la semana en Encarnación y tres en Jesús.
No tardó mucho en darse cuenta de que el Estado y la familia
gastaban mucho más en el tratamiento de un enfermo con
problemas de diabetes de lo que se hubiera gastado en promoción
de la salud. La inversión en un paciente diabético
por un año tiene el mismo costo que una campaña
de prevención para toda una comunidad, afirma Pont.
Arce, oriundo de Asunción, hizo su pasantía rural
en el centro de salud de Villa Florida, donde fue nombrado como
director. Yo me sentí salubrista desde ese momento,
recuerda. El trabajo comunitario y el contacto con la gente
me fueron entusiasmando.
Lastimosamente, en mi época de estudiante, la Facultad
de Medicina no enseñaba prácticamente nada sobre
la salud preventiva. No se le daba importancia, comenta.
Se especializó en Salud Pública en San Pablo (Brasil)
y al poco tiempo asumió cargos directivos en Misiones,
Ñeembucú, Itapúa y en la sede central del
Ministerio, antes de volver como director regional de Misiones.
Aprendió que la dedicación por la salud comunitaria
constituye una visión diferente del rol del médico.
Es un trabajo silencioso, a largo plazo y que con el tiempo
redunda en un beneficio real para la población. El sanitarista
siempre es pobre y va a morir pobre porque nadie quiere pagar
para aprender a no enfermarse, aunque pague mucho más para
curarse.
Alternativa comunitaria
El proceso de descentralización es el que mejor encaja
con la visión de salud comunitaria, sostienen ambos especialistas.
Me di cuenta de que la descentralización podía
ser la solución a nuestros problemas cuando fui director
del Hospital Regional de Encarnación, pues todo lo que
se recaudaba se iba a Asunción y los insumos venían
más costosos y con mucho retardo y a veces ni siquiera
llegaban, acota Ricardo Pont.
A su criterio la Ley 1032 que crea el Sistema Nacional de Salud
y sienta las bases para el proceso de descentralización
tiene muchas falencias, pero tiene diez veces más
virtudes que no tener nada. Afirma que cuando la organización
local tiene posibilidad de administrar recursos se obtienen mejores
resultados.
Arce, por su parte, cree que el proceso de descentralización
tardó ocho años en implementarse porque los administradores
del nivel central tenían miedo a perder poder. Pienso
que es desconocimiento del proceso. Se puede seguir teniendo poder
aún con una descentralización total, ya que la rectoría
y la normativa del Ministerio de Salud no son negociables,
remarca.
En contrapartida, la descentralización trae muchos beneficios
a las comunidades, porque les permite manejar recursos en forma
oportuna. En Misiones tenemos muchas mejorías. Hemos
mejorado la limpieza, la infraestructura, el mantenimiento de
equipos y la cocina, también nuestras coberturas sanitarias
están mejorando estamos dando algunos servicios de forma
gratuita. Todo esto nos da la pauta de que estamos yendo para
adelante. Con luces y sombras, pero más luces que sombras,
sostiene Arce.
El director de Itapúa espera que algún día
el presupuesto de salud sea asignado de manera descentralizada
y sean administrados por las municipalidades.
Sostiene que de esa forma el Ministerio de Salud y la Región
Sanitaria solo serían contralores y reguladores de la política
de salud. Ahora somos juez y parte, damos salud y al mismo
tiempo nos controlamos.
Pont tiene puesta la camiseta de la descentralización en
salud y para él es un desafío apasionante. Tenés
que trabajar para ganar adeptos, explicarles, hablarles a todos,
concensuar, tenés que hacer como un lobby permanente con
los políticos, con todos los sectores para que puedan entender
de qué se trata. En este tema hay mucho por hacer, tal
vez por eso me apasione tanto, dice el director regional
de Itapúa.