Lamentablemente, los antecedentes
de la gestión pública en el Paraguay solo exhiben
problemas de ineficiencia, corrupción y prebendarismo acumulados
durante largas décadas. El fundado gran descreimiento en
la sociedad hace difícil pensar que los cambios hacia una
gestión moderna, eficiente, transparente y con responsabilidad
social son posibles. Sin embargo, existen algunas experiencias en
nuestro país que pueden marcar un camino nuevo y esperanzador.
A partir de la firma de acuerdos entre los Consejos Locales y
el Ministerio de Salud Pública, en los procesos de descentralización
de salud se desarrollan revolucionarias estrategias cuya replicación
a escala nacional puede dar un nuevo perfil a la gestión
pública. ¿Por qué deberíamos creer
eso? En primer lugar porque este proceso de descentralización
pasa de una gestión unipersonal, sustentada en el director
de establecimiento, a un modelo de gestión colegiada y
participativa con representantes del gobierno local, del sector
salud y de la sociedad civil, lo que permite no solo dar legitimidad,
sino también transparencia a las decisiones que se toman.
En segundo lugar, porque la descentralización acerca los
problemas, las soluciones y los recursos a los actores locales,
evitando de esa manera el largo camino de la burocracia central,
lo que se traduce en mayor eficiencia, oportunidad y mejor calidad
de servicios prestados a la población.
Finalmente, las innovadoras prácticas actuales se tornan
creíbles porque los acuerdos de descentralización
obligan a los servicios de salud a cumplir metas e indicadores
sanitarios; y, sobre todo, a rendir cuentas al Estado y a la sociedad
del trabajo realizado y de los resultados alcanzados.
Este modelo de descentralización en el sector salud, en
pleno desarrollo, permite abrigar esperanza de cambios más
positivos en la gestión pública, que esperamos sea
extendido a lo largo y ancho de nuestro país.