EDITORIAL
Un año de logros sorprendentes
CADA VEZ MÁS DEPARTAMENTOS SE UNEN AL DESAFÍO DE CAMBIAR
DESCENTRALIZACIÓN,
una poderosa fuerza en expansión
ACTORES LOCALES DEFINEN EL NUEVO RUMBO EN SUS REGIONES
El cambio: la mejor alternativa
SECTORES SANITARIOS FIRMAN ACUERDO DE COOPERACIÓN
VILLETA quiere ser más saludable
UNA COMUNIDAD COMPROMETIDA
AMAMBAY respira nuevos aires
ENTUSIASMO QUE MOVILIZA
Expectativas en Coronel Oviedo
TRABAJOS EN EL DEPARTAMENTO CENTRAL
Reglamentan proceso
ACCESO A MEDICAMENTOS A BAJO COSTO CON LA HABILITACIÓN DE FARMACIAS SOCIALES
Sube la salud en el BAJO CHACO
HOSPITALES DESCENTRALIZADOS SE VEN DISTINTOS
HISTÓRICO ACUERDO ENTRE GOBIERNOS REGIONAL Y LOCALES, SOCIEDAD CIVIL Y EL MINISTERIO DE SALUD PÚBLICA
ALIANZA POLITICO – SOCIAL permite descentralizar salud en Misiones
ASISTENCIA MÉDICA DE URGENCIA PARA TRABAJORES DE OBRAS DE YACYRETÁ
CARMEN con novedoso seguro para trabajadores
TRES NUEVOS MUNICIPIOS DE ITAPÚA QUIEREN SUMARSE AL DESAFÍO
Nuevos candidatos a la descentralización
NATALIO IMPLEMENTA PROGRAMAS DE SALUD PÚBLICA
Con el motor encendido
EN CORONEL BOGADO INFORMAN SOBRE GESTIÓN DESCENTRALIZADA
Salud comunitaria con mejores signos vitales
CENSO SOCIOSANITARIO BUSCA REFLEJAR REALIDAD DE LA POBLACIÓN
FRAM se mira por dentro
DOS AÑOS CON EL SEGURO COMUNITARIO
EN EL CAMPO DE LA SALUD MATERNA-INFANTIL
Informe revela datos sobre realidad sanitaria en Itapúa
PROMOTORES INTERCAMBIAN EXPERIENCIAS
Por un futuro con más salud
SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA
Tenemos derecho a saberlo
BREVES
LOS ROSTROS DEL CAMBIO
Con la decisión de salir ADELANTE

 


LOS ROSTROS DEL CAMBIO
Con la decisión de salir adelante

Teodora siempre supo que su misión en la vida era trabajar por la salud de su comunidad. Desde adolescente puso el alma para lograrlo. Fortuosa, en cambio, pasó del ámbito de la educación al de la salud, sin planificarlo, recién después de jubilarse de su función docente. Ahora, totalmente comprometidas, ambas mujeres dedican sus esfuerzos a la salud comunitaria en dos compañías rurales de Coronel Bogado, departamento de Itapúa.

Teodora Ferreira, encargada del Centro de Salud de Cristo Rey.
Fortuosa Ibarra de García, tesorera del Sub Consejo de Salud de Curuñai.


Cuando las tablas de madera del diminuto Puesto de Salud ya no contenían sus ilusiones, Teodora Ferreira viajó a Encarnación para estudiar la carrera de auxiliar de enfermería. Tenía 20 años. De los treinta y dos compañeros que comenzaron el estudio, sólo dos terminaron, ella era una de ellos. Fue difícil. Por eso ahora, cuando su pequeña Gabriela, de 8 años, le pasa las vendas y le dice que quiere ser médica, la mamá se llena de orgullo. “Si eso es lo que quiere, voy a hacer hasta lo imposible para que llegue a ser doctora”, afirmó decidida. El empuje con que enfrenta la vida, confirma que será así.

Teodora lleva más de dos décadas dedicada a la salud. Desde los 16 años está vinculada al Puesto de Salud de Cristo Rey, compañía de Coronel Bogado. Su vida está condicionada por el amor que tiene hacia su trabajo.

Apenas tuvo posibilidad, compró un terrenito al lado del Puesto de Salud, para que sus compueblanos no tuvieran que caminar dos kilómetros cuando requerían asistencia. Siempre trabajó desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde, pero si alguien se enfermaba por la noche, igual recurrían a ella en su casa. En su pueblo, cuando llueve el camino es directamente intransitable. Por eso decidió consolidar su destino de compromiso con su comunidad. Pidió un crédito en el banco y construyó su hogar al costado del servicio de salud.

La misma decisión había motivado a Teodora, unos años antes, a viajar a Asunción con 17 años para buscar trabajo y juntar dinero para estudiar enfermería. Tres años después, había podido comprar a cuotas un pequeño terreno, de cuya venta obtuvo el dinero suficiente para sus gastos. Con el título en mano, volvió a su pueblo, a encargarse del entonces precario Puesto de Salud.

El edificio era de apenas una habitación de madera, “pero limpio y bien ordenado”, recordó Teodora. Con machete en mano, ella misma se ocupaba de carpir el inmenso yuyal que bordeaba la casita. En 1993 la sencilla pieza se convirtió en un moderno centro asistencial que construyó el Ministerio de Salud Pública con el apoyo de la GTZ de Alemania. Teodora aún limpia el patio cuando no tiene pacientes. Utiliza la máquina que compró con su sueldo. “No puedo estar sin hacer nada”, dijo.

Desde su época de voluntaria, la mujer camina varios kilómetros para vacunar a los niños y niñas que viven más distantes. Todavía lo hace. Es la única enfermera para cinco compañías (Cristo Rey, Santa Clara, Calle 8, Tacuaty y San Jorge) y atiende entre 5 y 8 pacientes por día. Con la motito que le entregó el Ministerio de Salud Pública, ella recorre cada casa del distrito avisando la fecha en que atenderá el médico que llega hasta la compañía dos veces al mes. Si aún así las embarazadas no se presentan al control prenatal, va a buscarlas. Según los registros, su servicio es de los más eficientes del departamento. Tiene vacunados al 100 por ciento de los niños y niñas. “Mi trabajo me encanta, me apasiona, no quiero hacer otra cosa que la que estoy haciendo. Cuando no hay gente en el Puesto me desespero, soy capaz de ir a buscar yo misma para mis pacientes. A veces quiero salir a preguntar si están todos bien por eso que no se vienen al Puesto”, comentó.

La trabajadora de salud cree que hay cambios visibles en la comunidad. Antes los pobladores se involucraban poco. De hecho no había insumos ni medicamentos. Más de una vez tuvo que apelar a algún remedio yuyo para curar un resfrío o un malestar. Desde que se organizó el Sub Consejo de Salud de Cristo Rey y se habilitó una Farmacia Social, las cosas mejoraron. Ya no tiene que comprar de su bolsillo insumos como hilo, algodón, desinfectante y artículos de limpieza. Con la organización se abastece al Puesto de insumos básicos y los pobladores se involucran más en cuestiones de salud. Incluso los jóvenes se acercan a preguntar sobre salud sexual y reproductiva, cosa antes impensable en la comunidad.

Su nena Gabriela también se involucra. Le ayuda como “instrumentalista” en casos de cortaduras, infecciones o curaciones y la acompaña cuando tiene que aplicar inyecciones. Dice que quiere ser doctora. “Si eso es lo que quiere voy a hacer hasta lo imposible”, repitió Teodora. No hay dudas de ello.

EN CURUÑAI

Fortuosa Ibarra de García, en cambio, no tenía la misma confianza en el proceso de salud comunitaria. En la compañía Curuñai, distante a unos 15 kilómetros de Coronel Bogado, fueron sus compueblanos los que convencieron a esta docente jubilada a asumir el nuevo compromiso. Ahora, la señora divide su tiempo entre la carnicería que atiende junto con su esposo y el trabajo voluntario de tesorera del Sub Consejo de Salud.

De a poco, aumenta su confianza hacia el trabajo comunitario.

“El trabajo comunitario es difícil, muchas veces desanima que algunos solo critiquen. Pero intentamos salir adelante, los problemas surgen para que encontremos soluciones todos juntos, así únicamente”, comentó.

Cuando estaba a punto de dejar su trabajo como directora de la escuela local, llegó la propuesta de integrar el Sub Consejo de Salud. “Yo quería apoyar, pero ya no formar parte de una comisión. Pero no tuve salida, me convencieron y empecé a trabajar, había mucho por hacer en nuestra comunidad”, dijo.

Junto con los demás miembros consiguieron la habilitación de la Farmacia Social, con un capital inicial de 300 mil guaraníes en medicamentos y rehabilitar el Puesto de Salud. Aunque todavía falta mucho.

Su principal sueño es tener suficientes recursos para poder pagar sueldos a la encargada del Puesto y a la de la Farmacia, que hasta ahora trabajan ad honoren.

“Me involucré totalmente, pero el cambio es más lento de que lo que suponía. Creía que iba a ser más fácil, que íbamos a organizar más actividades para tener más medicamentos, pero no es así. Sin embargo, no me desanimo. Aprendí a comprender que los procesos de cambio siempre son difíciles porque implica cambiar de mentalidad, cosa a la que no estamos acostumbrados”, aseguró.