En sus pequeñas localidades las ofertas laborales son nulas
y los recursos limitados. Muchos de sus amigos y amigas emigran
a ciudades más grandes. Ellas no quieren hacerlo. Ambas
chicas desean quedarse en su pueblo para ayudar a construir un
futuro más sano.
Es difícil, pero no pienso abandonar mi comunidad.
Voy a hacer hasta lo imposible por quedarme, por tratar de conseguir
un futuro mejor, enfatiza Ruth Elizabeth Cardozo (22). Tanto
ella como Catalina Ortiz (21) integran los equipos de Información,
Educación y Comunicación (IEC), coordinados a través
de los Sub Consejos de Salud.
La tarea voluntaria de los equipos de jóvenes encargados
de IEC consiste en difundir y comunicar conceptos sobre salud
sexual y reproductiva y motivar al uso de los servicios sanitarios.
Utilizan todos los medios de comunicación a su alcance.
Preparan carteles e invitaciones, organizan y convocan a vecinos
para charlas, puestas teatrales y otro tipo de eventos. El trabajo
demanda responsabilidad y mucho esfuerzo. Los logros son lentos,
pero entusiasman. Tanto, que permiten soñar con grandes
cambios.
Conciencia joven
En Peguajhó, por ejemplo, las acciones comunitarias del
equipo de IEC apuntan a disminuir el consumo de droga y alcohol
y contrarrestar los numerosos casos de embarazos adolescentes.
Como en el resto de la zona metropolitana, la violencia hace estragos.
A consecuencia de la migración forzada por la pobreza,
muchas familias están desestructuradas. Los chicos crecen
prácticamente sin la supervisión de sus padres.
Eso hace el trabajo comunitario muy difícil y minucioso.
Ruth tiene conciencia de ello.
Nuestro mayor problema es que hay muchos chicos que no van
al colegio, que prácticamente no tienen mamá y papá.
Es difícil trabajar con ellos, porque yo no puedo llegar
y decirle así nomás lo que tienen que hacer, lo
que está bien y lo que está mal. Nosotros buscamos
la manera de acercarnos. Hacemos picnic o torneos de fútbol
y ahí aprovechamos para charlas o colocar carteles que
digan que sin alcohol y drogas igual podemos ser felices y disfrutar.
En esta pequeña compañía de Itá, las
grescas a consecuencia del exceso de bebidas alcohólicas
eran cosa de todos los fines de semana. Pero con la movilización
social, muchos tienen la percepción de que el ambiente
mejoró. Después de las charlas y capacitaciones
dirigidas a padres e hijos vimos mucho progreso, comenta
Ruth.
La gente tomó más conciencia. Por suerte,
hoy podemos irnos nuevamente a las fiestas tranquilos, ya que
no hay tantos problemas. Eso se debe a las capacitaciones,
sostiene la joven.
En la mayoría de las fiestas de Peguajhó ya no se
vende alcohol a los menores de edad.
Acción contra la apatía
En el ambiente todavía semirural de Arazapé los
inconvenientes son distintos. En esta humilde comunidad de Misiones
el trabajo comunitario está dirigido a incentivar a la
población a la participación comunitaria.
"Anteriormente no había muchas actividades que pudieran
aglutinar a los jóvenes. Los jóvenes hacían
cualquier cosa, no había mucho por hacer, comenta
Catalina. Ahora, la joven percibe que mediante las capacitaciones
se consiguió instalar un espacio en donde se aprende y
se debate sobre temas, antes considerados tabúes en la
comunidad, como por ejemplo embarazo precoz, métodos anticonceptivos
y enfermedades de transmisión sexual.
Las capacitaciones fueron fundamentales para que todo comience
a cambiar gradualmente en la comunidad. Antes desconocíamos
mucho de los temas de salud sexual y reproductiva e incluso manejábamos
conceptos erróneos. Ahora, podemos hasta intercambiar ideas
con los adultos, comenta entusiasta.
Toda la capacitación sirvió para transmitir información
correcta acerca de la sexualidad. Incluso, lo hicieron a través
de la puesta en escena de una obra teatral. El guión
lo escribimos nosotros mismos, teniendo como base la realidad
de nuestra comunidad. La obra fue todo un éxito. A partir
de esa experiencia nació en nosotros el interés
por el teatro, tanto que ahora estamos recibiendo capacitación
sobre técnicas teatrales y estamos preparando una gran
obra con jóvenes de Itá Yurú y San Miguel,
explica Catalina.
Con sólo 21 años, esta joven de contagiante sonrisa
asume con responsabilidad su trabajo comunitario. De lunes a viernes
estudia Formación Docente en San Juan Bautista, ciudad
distante a unos 35 kilómetros de Arazapé. Los fines
de semana dedica su tiempo libre a trabajar con los jóvenes
de su comunidad, ya sea transmitiendo sus conocimientos o adquiriendo
nuevos conceptos a través de las capacitaciones.
Ruth, de Peguajhó, también es incansable. Está
en el segundo curso de Licenciatura de Matemáticas en la
UNA y en el tercero de Profesorado en Lengua Guaraní. Su
meta es ser docente.
La mayoría de los profesores solo dan sus cátedras
y ya está. Yo quiero, además, enseñarles
sobre la droga, el alcohol, educación sexual. Pienso que
solo la educación nos va a ayudar a ser mejores.
El trabajo no es fácil. Avanzamos lento, pero avanzamos,
sostiene Ruth.
El sueño mío es que los conocimientos lleguen
a todos. Yo soy una de las pocas que tiene oportunidad de estudiar.
Quiero llevar conocimiento a los demás jóvenes,
comenta.
Ninguna de las dos jóvenes tiene intención de marcharse
de su pueblo. Saben que su futuro está en el lugar en que
nacieron y que ahora ayudan a construir.