Año 2 - 6 - Julio 2004
EDITORIAL
Voluntad política para la descentralización
ANTE AUTORIDADES SANITARIAS, ITAPÚA
Solicita administrar su Salud
CORONEL BOGADO
Propone modelo descentralizado
EN NATALIO
Quieren iniciar el proceso
EN MISIONES
Piden acompañamiento
FESTIVA INAUGURACIÓN DE
CINCO FARMACIAS SOCIALES

Más comunidades acceden a medicamentos baratos
EN POCAS LÍNEAS
ARAZAPÉ, ITÁ YURÚ Y ATYRÁ: COMUNIDADES MÁS SALUDABLES
Unión de esfuerzos para mejorar
GOBERNACIONES FIRMAN ACUERDO CON CIRD/USAID
Experiencias exitosas se expanden hacia otros departamentos
DESCENTRALIZACIÓN EN HECHOS
LOS ROSTROS DEL CAMBIO
Con el corazón en la comunidad
 
SUPLEMENTO

PARTICIPANDO DEL PROCESO DE DESCENTRALIZACIÓN DE SALUD
Primer Encuentro de Consejos Locales y Sub Consejos de Salud

PREPARACIÓN DEL PRIMER ENCUENTRO DE CONSEJOS LOCALES DE SALUD
Fruto de la organización
NOCHE DE RISAS, BAILE Y CONFRATERNIDAD
Compartiendo los mismos sueños
CONCLUSIONES DEL PRIMER ENCUENTRO DE CONSEJOS LOCALES DE SALUD
Consejos que representan la esperanza de todos
EXPERIENCIAS PARA EL CAMBIO
EN RECUADRO

 


LOS ROSTROS DEL CAMBIO
CON EL CORAZÓN en la comunidad
Donde los demás jóvenes se esfuerzan por irse, Catalina y Ruth sueñan con quedarse. Viven en compañías humildes y con escasos servicios públicos. Pero ambas tienen esperanzas en el cambio. Catalina es de Arazapé, del distrito de San Miguel (Misiones); Ruth vive en Peguajhó, en las afueras de Itá. Tienen en común muchas cosas. Las dos son de familias numerosas. Una es la mayor de cinco hermanos; la otra de siete. Ambas son universitarias y viajan varios kilómetros de la casa a la facultad. Son idealistas y dinámicas. Creen que pueden hacer mucho por sus comunidades y trabajan pensando en mejorarlas.

Catalina Ortiz de Arazapé, de contagiante sonrisa, trabaja con los jóvenes de su comunidad.
Ruth Elizabeth Cardozo de la comunidad de Peguajhó, joven integrante del Sub Consejo de Salud.


En sus pequeñas localidades las ofertas laborales son nulas y los recursos limitados. Muchos de sus amigos y amigas emigran a ciudades más grandes. Ellas no quieren hacerlo. Ambas chicas desean quedarse en su pueblo para ayudar a construir un futuro más sano.

“Es difícil, pero no pienso abandonar mi comunidad. Voy a hacer hasta lo imposible por quedarme, por tratar de conseguir un futuro mejor”, enfatiza Ruth Elizabeth Cardozo (22). Tanto ella como Catalina Ortiz (21) integran los equipos de Información, Educación y Comunicación (IEC), coordinados a través de los Sub Consejos de Salud.

La tarea voluntaria de los equipos de jóvenes encargados de IEC consiste en difundir y comunicar conceptos sobre salud sexual y reproductiva y motivar al uso de los servicios sanitarios. Utilizan todos los medios de comunicación a su alcance. Preparan carteles e invitaciones, organizan y convocan a vecinos para charlas, puestas teatrales y otro tipo de eventos. El trabajo demanda responsabilidad y mucho esfuerzo. Los logros son lentos, pero entusiasman. Tanto, que permiten soñar con grandes cambios.

Conciencia joven

En Peguajhó, por ejemplo, las acciones comunitarias del equipo de IEC apuntan a disminuir el consumo de droga y alcohol y contrarrestar los numerosos casos de embarazos adolescentes.

Como en el resto de la zona metropolitana, la violencia hace estragos. A consecuencia de la migración forzada por la pobreza, muchas familias están desestructuradas. Los chicos crecen prácticamente sin la supervisión de sus padres. Eso hace el trabajo comunitario muy difícil y minucioso. Ruth tiene conciencia de ello.

“Nuestro mayor problema es que hay muchos chicos que no van al colegio, que prácticamente no tienen mamá y papá. Es difícil trabajar con ellos, porque yo no puedo llegar y decirle así nomás lo que tienen que hacer, lo que está bien y lo que está mal. Nosotros buscamos la manera de acercarnos. Hacemos picnic o torneos de fútbol y ahí aprovechamos para charlas o colocar carteles que digan que sin alcohol y drogas igual podemos ser felices y disfrutar”.

En esta pequeña compañía de Itá, las grescas a consecuencia del exceso de bebidas alcohólicas eran cosa de todos los fines de semana. Pero con la movilización social, muchos tienen la percepción de que el ambiente mejoró. “Después de las charlas y capacitaciones dirigidas a padres e hijos vimos mucho progreso”, comenta Ruth.

“La gente tomó más conciencia. Por suerte, hoy podemos irnos nuevamente a las fiestas tranquilos, ya que no hay tantos problemas. Eso se debe a las capacitaciones”, sostiene la joven.

En la mayoría de las fiestas de Peguajhó ya no se vende alcohol a los menores de edad.

Acción contra la apatía

En el ambiente todavía semirural de Arazapé los inconvenientes son distintos. En esta humilde comunidad de Misiones el trabajo comunitario está dirigido a incentivar a la población a la participación comunitaria.

"Anteriormente no había muchas actividades que pudieran aglutinar a los jóvenes. Los jóvenes hacían cualquier cosa, no había mucho por hacer”, comenta Catalina. Ahora, la joven percibe que mediante las capacitaciones se consiguió instalar un espacio en donde se aprende y se debate sobre temas, antes considerados tabúes en la comunidad, como por ejemplo embarazo precoz, métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual.

“Las capacitaciones fueron fundamentales para que todo comience a cambiar gradualmente en la comunidad. Antes desconocíamos mucho de los temas de salud sexual y reproductiva e incluso manejábamos conceptos erróneos. Ahora, podemos hasta intercambiar ideas con los adultos”, comenta entusiasta.

Toda la capacitación sirvió para transmitir información correcta acerca de la sexualidad. Incluso, lo hicieron a través de la puesta en escena de una obra teatral. “El guión lo escribimos nosotros mismos, teniendo como base la realidad de nuestra comunidad. La obra fue todo un éxito. A partir de esa experiencia nació en nosotros el interés por el teatro, tanto que ahora estamos recibiendo capacitación sobre técnicas teatrales y estamos preparando una gran obra con jóvenes de Itá Yurú y San Miguel”, explica Catalina.

Con sólo 21 años, esta joven de contagiante sonrisa asume con responsabilidad su trabajo comunitario. De lunes a viernes estudia Formación Docente en San Juan Bautista, ciudad distante a unos 35 kilómetros de Arazapé. Los fines de semana dedica su tiempo libre a trabajar con los jóvenes de su comunidad, ya sea transmitiendo sus conocimientos o adquiriendo nuevos conceptos a través de las capacitaciones.

Ruth, de Peguajhó, también es incansable. Está en el segundo curso de Licenciatura de Matemáticas en la UNA y en el tercero de Profesorado en Lengua Guaraní. Su meta es ser docente.

“La mayoría de los profesores solo dan sus cátedras y ya está. Yo quiero, además, enseñarles sobre la droga, el alcohol, educación sexual. Pienso que solo la educación nos va a ayudar a ser mejores.

El trabajo no es fácil. Avanzamos lento, pero avanzamos”, sostiene Ruth.
“El sueño mío es que los conocimientos lleguen a todos. Yo soy una de las pocas que tiene oportunidad de estudiar. Quiero llevar conocimiento a los demás jóvenes”, comenta.
Ninguna de las dos jóvenes tiene intención de marcharse de su pueblo. Saben que su futuro está en el lugar en que nacieron y que ahora ayudan a construir.