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A fin de garantizar
el acceso universal, equitativo y con criterios de calidad a la
salud, las rectorías de los Ministerios de Salud deben comprender
de manera efectiva las competencias que le son propias e indelegables
en materia de conducción sectorial, regulación y desarrollo
de las funciones esenciales de salud pública, las cuales
están vinculadas al ejercicio de las funciones de la autoridad
sanitaria, tales como financiamiento, aseguramiento y prestación
de servicios.
En los últimos años, ha ido adquiriendo impulso en
América Latina la premisa de encontrar soluciones a los problemas
de salud de la población bajo esquemas de aseguramiento público
desarrollados desde los Ministerios de Salud, los cuales están
orientados a la población no derechohabiente de la seguridad
social.
La construcción de un seguro público implica modular
los siguientes procesos: (a) Desarrollo técnico de la propuesta,
(b) Reorganización institucional del MSPyBS en base a la
separación de funciones que conlleva un seguro público,
(c) Generación de espacios de factibilidad política,
(d) Participación de los afectados (stakeholders). Este último
punto es importante, pues quienes participan en el diseño
de la propuesta es más importante que la propuesta técnica
misma, si se analizan aquellos seguros que realmente se implementaron
y no quedaron simplemente como propuestas técnicas.
En el marco de los mencionados procesos, se deberán enfrentar
diversos desafíos, los cuales incluyen desafíos económicos,
y dentro de esta última categoría se incluyen los
financieros.
Refiriéndonos puntualmente a los desafíos financieros
podríamos decir que estos pueden ser planteados de forma
sintética a través de tres interrogantes:
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(a)
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¿Qué
volumen de recursos requieren los seguros públicos?
La amplitud de los recursos que un país destina a la
salud esta condicionado fundamentalmente por el tamaño
de la economía y las posibilidades de recaudación,
y de la amplitud del paquete básico de servicios. Cabe
mencionar que el volumen total de recursos finalmente determina
la amplitud real del paquete.
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(b)
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¿Cuáles
son las posibles fuentes de financiamiento? Aquí es
importante señalar lo que esta expresado en Las
Cuentas de Salud Paraguay 2003, que aunque el
gasto total en salud se esta expandiendo, el gasto privado
es la porción más importante, representando
el 65% del total del gasto del sector salud, dentro del cual
se observa que el gasto de bolsillo se ha incrementado enormemente
y, como se sabe, a mayor gasto de bolsillo, mayor inequidad.
Si se recurren a fondos públicos, ¿Es necesaria
una reforma tributaria para implementar un seguro de salud?
¿Qué impacto fiscal tendría? |
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(c)
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¿Cómo
asignar los recursos? Es importante señalar que los
resultados de salud serán en función de la participación
de los distintos niveles de atención en la asignación
de recursos. En la medida en que pueda priorizarse la promoción,
la prevención y la atención primaria (aquí
se incluyen las prestaciones que caen bajo la definición
de bienes públicos), se logrará resultados sanitarios
a costos menores. Otro aspecto es la posibilidad de incorporar
un esquema de financiamiento de los servicios públicos
vinculados a la demanda. Esta premisa admite varias posibilidades,
desde el extremo de presupuesto fijo garantizado (financiamiento
de la oferta) a un pago asociado al volumen de servicios brindados.
Esto último implica vincular la asignación de
recursos al logro de metas y resultados concretos.
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Finalmente podría expresarse que en un
contexto general, las políticas que desarrollen los seguros
públicos deben ser la expresión del conjunto de valores
y principios de una sociedad que orientan las acciones y determinan
la asignación de recursos.
Desde esta perspectiva es razonable sostener que un seguro público
de salud debe tener como misión fundamental el ampliar y
mejorar el acceso de los beneficiarios a un conjunto de prestaciones
(paquete de servicios) de manera solidaria y equitativa.
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