Marta López tenía
miedo de que no le abrieran la puerta. Le preocupaba que la trataran
mal. O que a la gente le molestara que una extraña se involucre
en sus vidas. Sucedió todo lo contrario. La excelente receptividad
que tuvo entre sus compueblanos de la compañía de
Itá Yurú de San Miguel Misiones, le dio la seguridad
de que el trabajo de promotora de salud es lo mejor que pudo pasarle
en la vida.
La joven tiene 23 años, es docente, pero actualmente está
desempleada. Se involucró con la tarea de promoción
de la salud hace tres meses, por invitación de su hermana.
No se arrepiente. Está tan satisfecha con sus logros que
puede apreciarse en sus ojos. Algo similar sucede con otra veintena
de jóvenes de San Miguel, que en forma voluntaria se capacitan
para promocionar estilos de vida saludables y mejorar la condición
de salud de su comunidad.
Los consejos locales de salud fueron establecidos por la Ley 1032/96
del Sistema Nacional de Salud, con el objetivo de avanzar en la
descentralización de los servicios sanitarios. Están
conformados por el intendente, el director del centro de salud
y representantes de instituciones y organizaciones sociales del
municipio, quienes establecen las iniciativas necesarias para
lograr reducir las tasas de enfermedad y muerte en la población.
Los brazos ejecutores de las propuestas son, principalmente, los
promotores de salud. Jóvenes y adultos, hombres y mujeres,
que entregan voluntariamente parte de su tiempo en beneficio de
su comunidad. Son ellos los encargados de llegar casa por casa
para repartir folletos, hablar sobre el dengue, la importancia
de la leche materna, los riesgos de la diarrea, preguntar si los
niños tienen todas sus vacunas y promocionar los métodos
de planificación familiar.No pretenden ser médicos
ni enfermeros, sólo informar a la gente. Por ejemplo, enseñarle
a una madre que si su hijo está enfermo tiene que llevarlo
hasta el centro de salud, aunque no tenga dinero, igual va a ser
atendido.
Medidas simples de este tipo permitirán, a mediano plazo,
controlar las altas tasa de mortalidad infantil. Actualmente,
en Paraguay, de 1.000 niños que nacen vivos, 25 mueren
antes de cumplir los cinco años, según datos del
Ministerio de Salud Pública del 2001. Más del 50%
de las enfermedades que causan estas muertes son prevenibles.
Por ello, el trabajo de los promotores de salud es fundamental.
Su trabajo es arduo, pero reconfortante.
Sincero compromiso
Llegar a una casa desconocida, golpear la puerta, presentarse
y hablar sobre salud no es fácil. No todos están
capacitados para hacerlo. Implica involucrarse con la gente. Requiere
simpatía, sinceridad y prudencia. No todos tienen
el perfil para ser promotores, confirma Julio Germán
Ramírez, de 24 años, voluntario de la compañía
Arazapé, de San Miguel Misiones.
Primero hay que ser discreto, uno no puede ir repitiendo
cosas personales e íntimas de las personas que visita en
sus recorridos. Por eso es difícil encontrar jóvenes
que hagan bien este trabajo, señala.
Julio se decidió a ser promotor porque sentía ganas
de ayudar a las personas. Aunque nació en Arazapé,
pasó su infancia en Pirapó, Itapúa donde
trabaja su papá. Retornó a su localidad natal hace
cuatro años y al principio le fue difícil adaptarse.
Sin embargo, ahora está convertido en un verdadero líder
comunitario. El trabajo de promotor en salud le permitió
ganarse el aprecio y el respeto de sus compueblanos. Estoy
haciendo todo lo posible para ayudar a que mi comunidad mejore,
afirma.
Marta López, de Itá Yurú, por su parte, tiene
su propia estrategia transmitir conceptos básicos de salud:
Hablar con la gente de corazón y tratar de comprenderla.
No forzar las cosas.
Lo primero que hago cuando llego a una casa es tratar de
ambientarme, hablar un poquito de otro tema, no entrar directamente
a preguntar, explica. Soy bastante charlatana y eso
creo que me ayuda a ganarme la confianza de la gente, confiesa.
Al contrario de lo que la joven esperaba, en ninguna casa fue
rechazada. Todas las familias que visitó hasta ahora se
mostraron agradecidas por su ayuda. Marta recuerda con cariño
a la primera señora que entrevistó, Ña Feliciana,
quien la trató con muchísima amabilidad. Nos
dijo que le gustó que alguien muestre interés por
su salud y la de su familia, comenta.
El trabajo de promotores de salud implica sacrificar el tiempo
libre, caminar mucho. Pero con el tiempo, al observar cómo
las familias implementan los consejos que les dan, estos jóvenes
obtienen su recompensa. Sienten, con toda justicia, que son protagonistas
del cambio.
Realmente me siento muy satisfecha con el trabajo que realizo,
porque así puedo conocer a la gente y los problemas que
tienen y ayudarles a vivir un poco mejor, afirma Marta.
Fue lo mejor que me pudo haber pasado, concluye.