Cuando hablamos de salud en el Paraguay los
dos problemas más importantes a mi parecer son: en primer
lugar, el poco acceso de gran parte de la población a los
servicios de salud; aquí estamos hablando de exclusión
social; y en segundo lugar la gran inequidad social
en sector salud: inequidad en el acceso; en la calidad y calidez
de la atención; en la oportunidad de ser atendidos según
sus necesidades reales; en los recursos asignados en todos los niveles
de atención (servicios de salud, recursos humanos, medicamentos,
insumos, tecnología, equipamientos)
A la exclusión y la inequidad debemos agregar otras situaciones:
predominio de enfermedades ligadas a la pobreza, mitad de la población
rural, pobreza, déficit en la educación e indicadores
sanitarios poco favorables.
Con este diagnóstico sanitario, surge aquí en el Paraguay,
como ha sucedido en casi todos los países latinoamericanos
y países pobres de otros continentes, los programas de Promotores
o Agentes Comunitarios de Salud. Los promotores son una estrategia
que permite establecer nexos entre los servicios de salud y la comunidad;
permiten extender la atención de salud fuera de los muros
de los hospitales y centros de salud, cambiando ese modelo puramente
médico tradicional de atención de enfermos y de sentarse
a esperar que la gente acuda a los servicios.
Si queremos cambios en nuestros indicadores de salud, debemos cambiar
nuestro modelo de atención, debemos construir una nueva relación
entre el gobierno local, las organizaciones comunitarias, la sociedad
civil, las autoridades sanitarias y los trabajadores de salud.
En este nuevo modelo, los promotores son uno de los pilares para
ese trabajo comunitario. No queremos pequeños curanderos
más capacitados, no queremos que la sociedad civil se ocupe
de resolver la inequidad social, que es una obligación moral
de nuestros gobernantes a través de políticas públicas
coherentes, concertadas y respetadas como políticas de estado.
Lo que queremos es que la sociedad civil y las organizaciones comunitarias,
a través del trabajo de los promotores y otras intervenciones
sociales, colaboren en sus comunidades de manera responsable, contribuyan
con su esfuerzo y su gran comprensión de los códigos
culturales.
Ellos conocen a sus vecinos y vecinas, ellos hablan su lenguaje
y tienen sus creencias, ellos son los más capacitados para
respetar su dignidad de personas y darles confianza y calidez en
la atención de salud a nuestras comunidades rurales y urbano-marginales.