La salud es reconocida universalmente como un
derecho básico de todas las personas y como un importante
factor para el desarrollo social y económico de las sociedades
en el largo plazo. Es, así mismo, uno de los indicadores
en los que se sintetiza el grado de bienestar alcanzado.
En el Paraguay, a pesar del derecho de los ciudadanos de acceder
a un nivel básico de protección de salud; y los esfuerzos
e inversión en tiempo, recursos humanos y financieros de
la última década en el sistema de salud, los problemas
de acceso a los servicios básicos son parte de la realidad
cotidiana de muchas familias, especialmente las más pobres
y vulnerables.
Una de las causas de los problemas de acceso a los servicios es
la baja cobertura de los mismos, especialmente los básicos,
incluyendo los programas de inmunizaciones, de planificación
familiar, y los servicios de atención al embarazo, parto
y puerperio; y se deben en parte, a la insuficiente asignación
de recursos para financiar dichos programas y servicios.
Para ampliar el acceso a los servicios a toda la población,
una de las preguntas es como estructurar el financiamiento y la
prestación o provisión de los servicios de salud.
Para intentar una respuesta, se puede decir que por el lado del
Financiamiento, no se trata de determinar de donde provendrá
el dinero para los servicios de salud, sino más bien de puntualizar
cuán amplio debe ser el marco de política para poder
incrementar los recursos que posibiliten la salud para todos. Esos
recursos deben provenir de las personas, de las familias, comunidades,
los municipios, las gobernaciones, y por supuesto, del gobierno
central. Esto no es un sueño político o social, sino
un desafío económico.
En nuestro país, la implementación de modelos alternativos
de Financiamiento de programas de salud básicos a nivel local,
en un esquema de coordinación y complementación de
recursos entre el Ministerio de Salud Pública, los gobiernos
municipales y departamentales, y la sociedad civil organizada constituye
una opción que puede ampliar las posibilidades de las personas
para acceder a los servicios de salud, y posibilita a su vez avanzar
en el proceso de descentralización, pues desarrolla capacidades
de los niveles locales para participar en el diseño, implementación,
seguimiento y evaluación de los programas y servicios de
salud.
En ese sentido, una de las formas de desarrollar alternativas financieras,
es un esquema de seguro local de salud, que consiste en un sistema
de pago periódico por parte de las familias de un pequeño
monto de dinero (prima) para acceder a determinadas prestaciones
y servicios de salud, y cuyo excedente contribuye a financiar los
servicios esenciales a toda la población.
Conceptualmente, la función de aseguramiento implica:
- Definir la población beneficiaria
- Determinar las prestaciones a brindar (y prestarlas efectivamente
y no solo prometer)
- Ajustar prima y riesgo (risk pooling): establecer monto de los
aportes y las coberturas
- Captar y administrar recursos (establecer organismo que cumpla
función financiadora)
- Compra de servicios (mecanismo de pago a proveedores)
En América Latina se suele llamar seguro a cosas que no son
seguros, sino más bien son estrategias de ampliar cobertura
con aportes adicionales de municipios, provincias, gobernaciones,
comunidad en general.