Una sociedad basada en la mentira está llamada a sufrir todo tipo de arbitrariedades. Si las autoridades mienten, los ciudadanos viven a ciegas. Si las instituciones rinden cuentas utilizando “un sistema de propaganda” y no informes creíbles, la población percibe que está siendo embaucada nuevamente, con la terrible sensación y la consecuente frustración de las esperanzas de que en Paraguay “no ha cambiado nada”.
Los sucesivos gobiernos han sometido a los ciudadanos usando como herramienta estratégica la mentira. Así se sostuvo durante 35 años el gobierno de Stroessner y también con ese mismo sistema, aunque con disfraz diferente, los mal llamados “gobiernos de transición”. Escandalizados, ahora los ciudadanos descubren que este Gobierno transita por los mismos linderos que los anteriores: los de la mentira sistemática.
La conclusión es que cuando la verdad está indefensa, la ciudadanía se encuentra desamparada.
Los gobiernos, tal como apareció en un reciente debate, ya sean de izquierda o de derecha, pueden precipitarse hacia nuevas formas de dictaduras cuando se cimentan en la mentira sistemática. El discurso maquilla las acciones y el poder desarrolla su propia agenda.
Como en una danza de “mascaras” podemos encontrarnos con gobiernos disfrazados de democracias representativas o participativas, gobiernos populares, socialistas, etc… La nomenclatura no importa. Tras un atractivo disfraz puede esconderse una perfecta dictadura.
La ciudadanía debe defender su derecho a gobernar a través de los mecanismos de control que deben ofrecer las instituciones públicas. Debe exigir a sus autoridades y no dejar impune ninguna de sus mentiras o medias verdades. Ese es el precio de las elecciones. Las autoridades electas deben respetar cada uno de los votos rindiendo cuentas con claridad, sin ocultamiento, y abriendo la posibilidad a cada ciudadano de acceder a la información pública.
Las democracias se basan en la confianza, en instituciones fuertes y autoridades creíbles. Los ciudadanos debemos proteger esos valores para hacer de nuestra patria una sociedad de hombres libres, donde ciudadanos y autoridades se respetan y buscan el bien común, basados en la defensa de la verdad; por tanto, de la libertad. |