
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo organizó la conferencia sobre “Reforma Agraria y Desarrollo en Paraguay. Modelos y factores críticos para su puesta en marcha”, con el disertante Paolo Groppo, oficial de análisis de sistemas de tenencia de tierra en la FAO. El mismo afirmó que es necesario desmitificar a las organizaciones sociales de base y convocarlas a hablar de reforma agraria sin ningún tipo de prejuicio. Propone una mesa de diálogo donde empresarios, productores, Gobierno y organizaciones sociales puedan exponer sus puntos de vista, dándose a cada uno la legitimidad que les corresponde.
por Rosana Patiño
¿Cómo ve NN.UU. el tema de reforma agraria en Paraguay?
Para la mayoría de los funcionarios de Naciones Unidas, este tema no existía y no se quería hablar. Hemos logrado volver a meterlo, volver a hablarlo porque hubo una coincidencia de buena voluntad por parte de gobiernos, por parte de los movimientos sociales y hemos aprovechado las condiciones de ese momento. Nos han dejado entrar con una modalidad distinta de lo tradicional, hemos propuesto, y el apoyo del Gobierno de Brasil, país donde se realizó la conferencia internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural en 2006, ha sido clave para eso. Fue la primera vez que los movimientos sociales fueron parte del tema desde el comité organizador y que uno de los papeles, de los 5 documentos base de la conferencia, fuese preparado en total libertad de los movimientos sociales.
Recordamos que antes de este momento, la última vez que se había hablado de reforma agraria en instancias internacionales había sido en 1979, 30 años atrás.
Allí descubrimos que esos dos mundos no eran tan diferentes, y había sensibilidad por parte del presidente de la conferencia para aceptar interactuar.
¿Cuál fue la lección aprendida en Brasil?
Ese gesto de la conferencia del Brasil fue muy importante porque logró demostrar que era posible volver a tocar el tema tierra y reforma agraria dentro del sistema de Naciones Unidas a partir de un mecanismo que no fuese confrontacional.
En segundo lugar, que los movimientos sociales no eran bestias raras y peligrosas, sino que eran hombres y mujeres como los demás, con quienes se podía discutir, pelear, pero se podía tratar entre seres humanos, darse legitimidad recíproca. En tercer lugar, reconocer que la reforma agraria, a partir del concepto de que la tierra es más que un activo económico: la tierra es cultura, es historia y es tradición.
Eso significa pensar en un tratamiento distinto, no podemos tratar a la tierra como una mercadería cualquiera. Cuando hablamos de diversidad de tratamiento, me refiero a términos de necesidad de una modestia; es decir, no sabemos cuál es el camino, pero sí sabemos que no se puede hacer nada sin la participación ciudadana de los sectores organizados para el cambio en el campo.
Hay un movimiento espontáneo
de la sociedad que busca juntar,
más que dividir.
¿Cree que eso será posible en Paraguay?
Con toda la mejor buena voluntad, ustedes no pueden imponer una reforma agraria o un cambio en el campo a partir de un solo actor. Lo mismo si el Gobierno fuese un todopoderoso, hoy en día en el mundo ya no se acepta eso. Lo que se ve venir es un llamado a que el Estado vuelva a ser un actor que dialoga. Un Estado abierto que reconoce y que promueve la ciudadanía incluyente, o sea el protagonismo ciudadano que no siempre significa peleas, porque es cierto que no podemos estar siempre de acuerdo en todo.
Una ciudadanía activa e incluyente significa aceptar que somos pares, que hoy día puedo ser yo ministro o puedes ser tú ministro, ese es el juego democrático, que yo te puedo criticar y tú me puedes criticar.
La idea de lograr pasar de política de Gobierno a política de Estado es para ver si así logramos trascender las separaciones tradicionales.
Usted habló de volver a la solidaridad como base de todo diálogo…
A mí me gusta hablar con la gente, y también me gusta leer. Leo de todo, y el tema de la vuelta de la solidaridad, nosotros hace años que estamos hablando de una necesidad de volver a aprender a hablarse, de aprender a reconocer, a tener la curiosidad de saber quién es el otro, porque filosóficamente, cuando uno se preocupa por saber cómo piensa el otro, se logra descubrir a uno mismo. Ese es el juego del espejo necesario. Cuando más me encierro en mi incertidumbre, es cuando más me aíslo de la sociedad.
La pregunta que debemos responder es si queremos que exista una sociedad o queremos que existan individuos. Creo que el punto fundamental es que el individuo está dentro de una sociedad, ellos hace sociedad.
Y hoy día, los gobiernos más conservadores están reconociendo que se están viendo espontáneamente, no son políticas de solidaridad.
Hay un movimiento espontáneo de la sociedad a buscar juntar, más que dividir.
El aislamiento, ¿es lo que ayudó a antagonizar las posturas?
Yo creo que aquí probablemente nunca antes hubo un diálogo. Es cierto que en el caso particular de Paraguay no hubo un tratamiento muy claro durante el régimen anterior de represión a todo lo que eran movimientos sociales. Es obvio que al iniciar la transición en el 89, todo lo que se había contenido militarmente antes, empezaba a buscar una forma de expresión. Los movimientos fueron un símbolo contra toda la represión anterior, diría que es parte del juego. Cuando se quiebra un régimen como el que Paraguay vivió, es normal la rebelión social.
Plantear la reforma agraria a partir del concepto
de que la tierra es más que un activo económico:
la tierra es cultura, es historia y es tradición.
Tal parece que la situación del campo en Paraguay viene de años de resentimiento.
La idea de satanizar a los empresarios viene de la idea de que ellos están eliminando al productor del campo, las máquinas le sustituyen al hombre y eso no es nada nuevo en la historia del movimiento obrero. Sin embargo, los analistas han empezado a reconocer que el
mercado mundial, en el cual estamos todos, llama a un progresivo aumento del tamaño productivo para poder sobrevivir, y esta trae consigo la necesidad de bajar el costo de producción.
Hoy en día estamos más allá de buscar esa fiebre revanchista de uno en contra del otro, a pensar en qué tipo de relaciones queremos, que no serán tal vez las relaciones más fraternales, pero serán de relaciones económicas, sea de competencia o colaboración cuando sea necesario, o de pelea cuando uno dice que no están respetando los derechos del otro.
¿Cómo conciliar el tema medio ambiente y reforma agraria?
Hay más de un componente en su pregunta; por un lado, creo que el trabajo de educación ciudadana importante lo pueden hacer los medios de comunicación, no solo en el campo, también en las ciudades. Seguir haciendo que la concienciación del ciudadano en torno a la dimensión ambiental. No solo por tener un aire más puro ni de comer alimentos más saludables, etc. Sino también porque fuera del país ya estamos trabajando con niveles de estándar más alto. Para poder vender afuera hay que meterse en estándares de calidad y estándares ambientales.
Yo diría que no son leyes los que van a parar estos fenómenos sociales, creo mucho más en las dinámicas sociales. Cuando la sociedad se da cuenta de la fragilidad del ecosistema donde está viviendo, allí es que empieza a reaccionar.
Yo creo que lo mismo pasará en Paraguay, la reforma agraria no es algo que vendrá de la política de Estado, de arriba. Los paraguayos tienen su libertad con relación a la política y a las leyes. Solo puede funcionar con un trabajo de concienciación capilar, es decir, desde abajo.
Contacto:
PNUD - Tel.: (595 21) 234 015/6
|