Alumnos y alumnas de diversas facultades decidieron asumir un compromiso real y “no solo quedarse en las aulas”. El desafío es participar siendo protagonistas conscientes en el país y desde la universidad. Para ello, el derecho humano de acceder a la información pública debe ser respetado, porque es uno de los pilares claves para frenar la corrupción.
Cuando un alumno ve irregularidades, por ejemplo, que los fondos no son ejecutados y no se sabe dónde fue a parar la recaudación de los cursillos, etc., lo más fácil es decir “no te metas, estás para estudiar y punto” y es entonces cuando el conformismo ciudadano se transforma en una hermética estructura de injusticia e impunidad; “el país de los amigos” en donde todo es posible es una realidad que parece reproducirse en otras esferas de la sociedad.
Acceder a la información pública es la consigna para luchar contra la corrupción, según Carlos Bécker y un grupo de estudiantes de Derecho, y afirman que es una tarea difícil porque implica modificar patrones culturales y enfrentarse al costumbrismo de las autoridades y al conformismo de los estudiantes en general.
En la UNA se continúa con la idea de que el alumno no debe objetar nada, ni cuestionar las irregularidades aunque las vea con sus propios ojos “para pasar desapercibido y que no te marquen”, según expresó Bécker, pero pese a las presiones recibidas, con sus compañeros decidieron no callarse más como era el denominador común en tiempos de la dictadura stronista. “Estamos en democracia, deben erradicarse prácticas autoritarias”, afirmó el estudiante quien considera que “negar el acceso a la información pública es síntoma de que no se está avanzando en una verdadera cultura democrática”.
Carlos Bécker comentó que preguntas que todos se hacen, pero nadie se anima a dirigirlas, son: “¿Cuánto se recauda por año con los cursillos de ingreso?, ¿a dónde va a parar ese dinero?, ¿qué se hace con las becas?, ¿por qué aumentan los aranceles y siempre faltan sillas y libros en las aulas?, ¿cuántos cobran los funcionarios?, etc.”. Bécker integra uno de los movimientos de la facultad de Derecho de la Universidad Nacional y rescató que esta experiencia es muy interesante. “La idea inicial partió en conversaciones informales, entre estudiantes de Química, Medicina, Veterinaria, Derecho, Arquitectura y Filosofía y las inquietudes eran muy similares”.
La realidad desde la mirada estudiantil
A criterio de los alumnos, la crisis económica, la pobreza y la falta de trabajo hacen que sea casi imposible pagar los aranceles, que cada año van en aumento. “Pese a lo difícil que es permanecer en la universidad, por ejemplo, en Química se compran reactivos vencidos, en algunas facultades las becas son repartidas por amiguismo político, en otras, la plata de extensión universitaria sirve para hacer asado en la casa del decano, etc.

“La corrupción afectaba no solo a los estudiantes,
sino a la población en general”.
Entonces, nos juntamos para pedir un informe y la ejecución presupuestaria; luego de mucho, enviaron biblioratos con documentos y nos dividimos en grupos para empezar a analizar los números y los destinatarios reales del dinero que sale de los estudiantes cada año. Cuánto se recauda, en qué se invierte, los pasajes, viáticos y bonificaciones, etc., qué dicen los estatutos de la universidad y comparamos si realmente se estaba cumpliendo eso o no”, continuó Carlos Bécker.
Las principales barreras: burocracia administrativa y represalias
“Hice el pedido, no me contestaron, entonces presenté un recurso de amparo con la ayuda de la Defensoría del Pueblo para que judicialmente me den una respuesta”.
El mismo día que se realizaba un seminario sobre acceso a la información apoyado por la Facultad de Derecho y el centro de estudiantes; a esa misma hora, el Consejo le estaba negando la información básica a Bécker. El estudiante dijo que consideran un atropello, una agresión y que el combate por la transparencia administrativa en la UNAes una lucha ejemplar.
“Por décadas se refugiaron en el concepto de autonomía universitaria, para seguir con el manejo arbitrario de los recursos”, aseguró.

“Lo que mantiene la estructura es el miedo a las represalias, las amenazas; pero en la medida que sigamos pidiendo información y denunciando la negación del derecho, ese miedo se va a romper”.
Los miedos
Asimismo, en la Facultad de Veterinaria, por el hecho de repartir volantes que informan el sueldo de los funcionarios, los estudiantes fueron agredidos. “Contra ese aparato secretista nos estamos enfrentando.
Los canales administrativos y burocráticos no funcionan. Estamos por el saneamiento administrativo, y eso implica que debe dejarse el sistema prebendario y el amiguismo. “Lo
que mantiene la estructura es el miedo a las represalias, las amenazas, pero en la medida que sigamos pidiendo información y denunciando la negación del derecho, ese miedo se va a romper”, finalizó Carlos Bécker.
Medicina: los de blanco, en paro por la transparencia
Dentro de la misma lógica de acceso a la información y anticorrupción, estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) realizaron diversas manifestaciones. En primer lugar, en contra de la suba de aranceles y exigiendo control a la universidad.
Hasta hoy denuncian irregularidades en la administración de la casa de estudios y piden al decano Guillermo Agüero que explique la situación.
Francisco Molas, estudiante del 3er. curso de Medicina de la Universidad Nacional, expresó: “Siempre cuando la gente se indigna y sale a denunciar algo, dicen que esa acción tiene tinte político partidario; sin embargo, no es así. La asamblea de más de 700 estudiantes decidió hacer seguimiento a lo que no se estaba haciendo bien en la facultad, porque vimos que al final la corrupción afectaba no solo a los estudiantes, sino a la población en general, y ahí hasta los docentes y médicos del hospital se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y se adhirieron a nuestros reclamos. Nosotros sí podemos luchar por algo que es justo, sacar a la luz la verdad y salir adelante”.
Molas dirige el equipo de extensión universitaria, y en medio de sus complicados exámenes, comentó que realizan trabajos voluntarios en el Bañado Sur, pero cada año tienen que hacer rifas y colectas para comprar los insumos necesarios. Paradójicamente, el dinero que debería ser destinado a esos proyectos (20 millones de guaraníes anualmente), simplemente no es ejecutado, pese a los constantes pedidos por parte de los alumnos.
OPINIONES
Paola Ferraro
Sociología UNA

“Los viáticos, de millones de guaraníes, van en aumento, en contraposición a lo que es la realidad de la facultad, donde no hay sillas, profesores bien capacitados, programas académicos especializados. El cambio debe iniciarse desde abajo, desde las exigencias de la gente. Nosotros debemos saber dónde se gasta el dinero de nuestras familias”.
Hilda Rojas
Derecho UNA

“Yo soy colorada, pero quiero marcar la diferencia. Estoy harta de que haya corrupción y mucho más en la universidad que supuestamente es el lugar donde nos enseñan cómo ser profesionales honestos”. |