| Este año va
cerrando con varios hechos que motivaron en la
ciudadanía reacciones diversas. Resulta
que la violencia estatal ha estado tan a la orden
del día que los ciudadanos ya no admiten
tanta provocación pública. Nos referimos
por ejemplo al rechazo, por parte de la Cámara
de Senadores de la ley de acceso a la información
pública, sin propuesta alternativa y sin
rubores la mandaron al papelero.
Luego la violenta manipulación constitucional
de mano del Presidente de la República
para ejercer un cargo ilegítimo, la titularidad
de la Junta de Gobierno, lo que suscitó
una movilización ciudadana de miles de
personas exigiendo el respeto de la Carta Magna.
Lo que se denominó el “marzo ciudadano”,
no fue un grito a favor de la anarquía
si no en pro de la institucionalidad del país
y el rechazo a la impúdica violencia estatal.
Más adelante otro nuevo hecho sacude a
la población, el fiscal Arnaldo Giuzzio
imputa al Presidente de la Cámara de Diputados
por enriquecimiento ilícito y lesión
de confianza. Se solicita el desafuero del parlamentario
y otra vez la pública y descarada violencia
estatal es la respuesta. Rechazan el desafuero
del titular de la Cámara de Diputados,
y éste continúa con su tarea parlamentaria.
Podríamos citar muchos más desmanes
estatales como: el maridaje entre miembros de
la Corte y legisladores como Juan Carlos “Calé”
Galaverna, las sospechosas cesiones de Itaipú
para la publicitaria vinculada con el Presidente
Nicanor, o la ineficiencia estatal que impulsa
la diáspora de paraguayos en busca de empleo,
dejando atrás su tierra y familia. Pero
la gota que colmó el vaso fue la violencia
desatada contra los familiares de las víctimas
del Ycuá Bolaños. Luego de que 400
personas se consumieran vivas en un incendio,
a la vista de todos, sin posibilidad de ingreso
para rescatarlas, se inicia un vía crucis
judicial para sus familiares y todos los paraguayos.
Que finaliza con la casi venia de los imputados,
en un cuestionado fallo judicial que “no
se compadece con la magnitud de lo sucedido”,
según las expresiones de los familiares.
Parientes de las víctimas y con ellos diversos
sectores de la sociedad reaccionan ante la nueva
violencia, esta vez judicial.
Es que a los ciudadanos se les exige respetar
las leyes, mientras el Estado hace de las instituciones
una máscara para justificar su escalada
de violencia. Los ciudadanos tal como describe
la encuesta sobre Cultura Democrática ,
ya no resisten a tanta provocación y empiezan
a desarrollar diversos mecanismos para demostrar
que no aceptarán vivir en un país
donde las instituciones promueven la impunidad
y no la justicia. Ojalá sepamos encontrar
medios pacíficos para evitar tanta violencia
y provocación estatal y asegurar que las
instituciones favorezcan la convivencia democrática
y no el caos.
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