Las Iniciativas Ciudadanas se desarrollan en un
pequeño espacio dejado libre, más
por descuido que por otra razón, por el
gobierno, el mercado y las iglesias. Más
que un espacio, es casi otra dimensión.
Las iniciativas promueven cuestiones nuevas, casi
experimentales, haciendo que la sociedad tome
conciencia de algo que hasta entonces no aparecía
como objetivo o relevante para la mayoría
de las personas.
Esta zona donde brotan cuestiones nuevas y donde
se "levantan perdices", es por definición
una zona poco reglamentada y poco "institucionalizada".
Es una zona en la que se habla con palabras nuevas
y donde palabras antiguas cambian de significado.
Milda Rivarola nos recordaba recientemente que
las iniciativas ciudadanas han sido en ocasiones
hasta ilegales, como cuando los obreros se movilizaban
o hacían huelga en países en los
que este tipo de acción era ilegal o, sin
ir más lejos, cuando "ser comunista"
estaba prohibido por ley en el Paraguay.
Quizá veamos en el futuro la legalización
de cuestiones que hoy son iniciativas ciudadanas
con apariencia de ilegalidad, o un poco locas.
Un movimiento ciudadano puede lograr la aprobación
de una "ley seca" o la legalización
del uso de la marijuana; la prohibición
del baile nocturno o la legalización de
automóviles robados.
Cualquier intento de institucionalizar las iniciativas
ciudadanas será un intento vano, como lo
es el querer reglamentar la producción
artística o la creatividad poética.
Todos sabemos que un ministerio de la cultura
se ocupa de los museos, no de las creaciones.
Desde el momento en que las iniciativas son institucionalizadas,
dejan de ser iniciativas y se transforman en gobierno,
en mercado o en iglesia, ya sea en forma orgánica,
asociada o tercerizada.
Una vez que una iniciativa ciudadana se vuelve
sustentable y sostenible, deja de ser iniciativa
y se institucionaliza en política pública,
en negocio o en religión.
Así, las iniciativas ambientalistas del
pasado han sido consagradas como derechos constitucionales,
transformadas en ministerios, protegidas por convenios
internacionales, convertidas en secretarias de
estado, partidos políticos, etc.
Antiguas iniciativas de auxilio financiero para
los pobres se han transformado en banca personal,
financieras y cooperativas. Iniciativas de ciudadanos
católicos han llevado a hacer de una persona
poco conocida alguien venerable, beato y finalmente
santo.
Lo que quiero decir, es que para que las iniciativas
ciudadanas logren ser sostenibles, obligatoriamente
deben dejar de ser iniciativas y convertirse en
algo que forme parte del "establishment"
(disculpen el inglés).
Las iniciativas se "establecen" como
parte del entramado institucional al entrar al
presupuesto del gobierno, al convertirse en negocio
rentable o al llegar a ser algo venerable.
La discusión sobre el tratamiento impositivo
de las organizaciones de la sociedad civil, y
la definición de lo que es o debe ser una
organización sin fines de lucro, es una
discusión sobre organizaciones establecidas
y reglamentadas por ley, sobre organizaciones
instituidas.
No debemos confundir a las iniciativas ciudadanas
con ONG, o con otro tipo de organización,
las iniciativas pueden incluir alguna ONG o utilizar
una de ellas, pero no es una ONG.
Las iniciativas ciudadanas usan las figuras legales
como un recurso más, como un ropaje de
conveniencia, como algo que les permite operar
como persona jurídica, pero de ninguna
manera pueden asimilarse iniciativas ciudadanas
con "organizaciones sin fines de lucro"
o con ONG o fundaciones o clubes o asociaciones.
Éstas son sólo formas de organización
legal que más o menos logran deslindar
y ordenar la energía de una iniciativa.
No puede haber "ley de iniciativas ciudadanas",
es como pretender tener una "ley de las desconocidas
experiencias futuras".
Álvaro
Caballero
Coordinador General
Programa de Apoyo a las Iniciativas Ciudadanas
(PAIC)
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