Agustín Carrizosa (Presidente
ejecutivo del CIRD)
Últimamente aparecen
en los medio diversos comentarios, cuestionamientos
y hasta críticas, algunas veces justificadas
y otras no tanto, provenientes de distintos sectores
en relación a las ONGs, OSCs, etc.
En estos comentarios, en general, se nota que
no existe un concepto claro de qué son
estas organizaciones, cuál es su función,
cuál es su responsabilidad, y esto es lógico
debido a que bajo estas nomenclaturas se integra
una amplia gama de organizaciones privadas, sin
fines de lucro que intenta dar respuestas válidas
a los problemas sociales pendientes, normalmente
desatendidas por el sector público.
Sus características
varían de acuerdo a necesidades específicas
o al momento en que se han fundado. Bajo los auspicios
de la iglesia, como organizaciones de vecinos,
o simplemente, como un grupo de técnicos
que tienen vocación a la "cosa pública",
pero que por las características de nuestro
país, y sobretodo a la forma de acceder
a la función pública, que todos
conocemos, no tienen esa posibilidad de aportar
desde el Gobierno y lo hacen desde estas organizaciones,
desarrollando diversas funciones en el quehacer
comunitario.
Estas entidades como un
sector institucional diferenciado distinto del
privado comercial y del público estatal
reúne una serie de características
comunes. Por ejemplo, son un componente de la
sociedad civil o de la ciudadanía.
Indiscutiblemente no se les puede atribuir la
"representatividad" de ésta,
aunque sí, en algunos, casos puede estar
representando a algún sector. No defienden
intereses privados o corporativos, sino que están
más bien comprometidas con lo público,
bajo la lógica de la solidaridad, la democracia
participativa y la justicia social.
Son organizaciones de
estructura formal, localizadas fuera del aparato
formal del Estado, sin fines de lucro. Es decir,
que no distribuyen dividendos a un conjunto de
accionistas, aunque debe obtener recursos para
poder implementar sus actividades.
Su financiamiento puede ser privado, como en el
caso de recursos provenientes de fundaciones.
Pueden ser organizaciones bi o multilaterales,
contratación con el mismo Gobierno, o simplemente
recaudando donaciones o vendiendo algún
servicio.
Los recursos generados por cualquiera de estos
mecanismos son para la implementación de
los proyectos, y en ningún caso pueden
pagarse dividendos, o los bienes gananciales pasar
a manos privadas, sino que deben ser utilizados
para los mismos fines del proyecto, buscando incrementar
su impacto y sostenibilidad.
Normalmente, tampoco pueden utilizarse estos simplemente
para generar mayores ingresos a la organización.
Además, cuentan con recursos con algún
grado significativo de participación voluntaria.
Por ser organizaciones
privadas son autogobernadas, mediante reglamentos
y procedimientos internos, aprobadas y registradas
en el registro público, y además
cuentan con responsabilidad pública legal,
determinado por el código civil. Se caracterizan
por ser esencialmente humanistas en su concepción
del desarrollo.
Su intervención en la comunidad, es horizontal
en su forma de asociación, buscando comprometer
a personas o grupos en un significativo esfuerzo
solidario con los sectores más necesitados.
Además, por su cercanía con la población,
son facilitadores de la participación comunitaria
y de la "ciudadanía activa".
Por su protagonismo, cada
vez mayor, se ha transformado en un actor clave
del desarrollo. Hay una relación directa
entre el desarrollo de un país democrático
y la cantidad de organizaciones de la sociedad
civil que existen en ese país. No es un
dato irrelevante que, por ejemplo, en referencia
a los Estados Unidos de mediados del siglo XIX,
Alexis de Tocqueville -en su famosa obra La Democracia
en América- ya escribiera un capítulo
llamado "Del uso que los americanos hacen
de las asociaciones en la vida civil".
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