La
Ministra de la Educación, Blanca Ovelar, inició su
disertación durante el Seminario internacional del
BID resaltando una afirmación del libro de Bernardo
Kliksberg, “Hacia una economía con rostro humano”
que se refiere a su sector: “En sociedades como las
latinoamericanas con vastos sectores de población
viviendo en pobreza y miseria, la educación puede
ser una poderosa fuerza de cambio social y devolución
de dignidad y esperanza a los pobres. O por el contrario,
de permitir las fuertes inequidades que la abarcan,
ser un refuerzo permanente de los círculos perversos
que conducen a la exclusión social y la tornan en
una situación sin salida”. “La construcción de capital
social tiene enla escuela un ámbito privilegiado para
impulsar la equidad en la educación y queremos construirlo
en este camino central y clave, porque de lo contrario
seguiremos perpetuando la brecha entre ricos y pobres.
La educación en verdad es la única esperanza y la
única alternativa con la cual el pobre puede visualizar
un nuevo horizonte de vida”, afirmó la Ministra. El
desafío, agregó, está en encarar un programa de calidad
educativa. “Y no hay otra manera que empezando a redefinir
la escuela, en primer lugar, como un espacio social
en el que se construyen respuestas educativas que
permiten dignificar la vida de una población en una
interacción permanente, solidaria y comprometida con
su entorno”. Para lograr esto, la ministra Ovelar
destacó que se debe romper la vieja concepción de
una escuela tradicional que trasmite un segmento de
la cultura sistemática, convirtiendo el contenido
en una cosa inerte, que no sirve. “Porque el conocimiento,
traducido curricularmente en contenido educativo,
si está desvinculado del contexto, si no se interpreta
desde una realidad cultural y social, no tiene sentido”.
Para que la escuela entienda esto, destacó que necesita
movilizar su capital social y así construir un espacio
de participación y de convivencia, donde los responsables
son los habitantes de esa comunidad. “En América Latina
y especialmente en el Paraguay enfrentamos un enorme
desafío al encarar un programa educativo que aborde
en profundidad el tema de la inequidad educativa.
Y eso no se puede hacer solamente con programas parches,
sino desde un compromiso compartido hacia un horizonte
de desarrollo para esos niños”.