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Una ciudadanía que por sus orígenes es el producto de la suma de muchas realidades, la étnica, la europea, la moderna importada y, no por último la sociopolítica. Enmarcada en un Programa de Apoyo a las Organizaciones de la Sociedad Civil, elaborado este por el CIRD y auspiciado por la USAID, la intención de promover la participación ciudadana en los ámbitos de la incidencia, el control y la fiscalización, como también en la reforma del estado, ha iniciado su desarrollo en el seno de 25 Iniciativas (proyectos así llamados en el programa del CIRD). Nos interesa reflexionar sobre el tema participación ciudadana ¿una realidad posible, o una utopía, un sueño? Una participación, en la cual la ciudadanía entiende, que es, la “capacidad de emprender acciones de interés público”, la cual se traduce en un constante “ejercicio de la ciudadanía”. Participar, es decir, “ejercer los derechos ciudadanos incidiendo, en la construcción de la democracia”, implica un abanico bien variado en conocimientos y capacidades, en habilidades y sentido común. Esta combinación no está intrínseca en nuestra población, ¿por qué?
Porque la población paraguaya, al menos la generación actual no está preparada (al menos anímicamente) para el efecto.
Porque la población paraguaya en general, por lo menos aquella, que no ha tenido acceso a “otro mundo”, no dispone del abanico ya mencionado, o por lo menos faltan partes en él.
Porque la población paraguaya tiene aún una fuerte influencia de la forma de vivir de los aborígenes: caza y recolección (corto-placismo).
Porque la influencia foránea hace que la población no pueda identificarse con su propia identidad y que pierda fácilmente la noción de su realidad.
Porque la historia socio-política más reciente de nuestra nación forjó en las mentes de nuestra población estereotipos de formas vida con valores lejos de los principios, estereotipos de obediencia y aprovechamiento de las situaciones, lejos de las pro-activas.
Porque la educación básica en las instituciones educativas lleva a la población a un camino de obrar sin hacer uso de su capacidad creativa y de experimentación. Mero repetir, copiar y falsificar la realidad. Todos los potenciales creativos, los potenciales laborables no se fomentan.
Podemos seguir citando “porques”, podemos seguir encontrando los motivos por los cuales nuestra población está sumergida en una profunda apatía. Esta desmotivación, miedo, desgana, etc., pueden ser aprovechados por la estrategia de las Iniciativas, pues debe verse como el estado de una tabula rasa, sobre la cual pueden ser insertados los principios de la participación ciudadana. De entre estos principios de la participación ciudadana, se destaca en especial uno, talvez el más importante: el sentir intrínsecamente la necesidad. Otros principios no menos importantes son, sin darles un orden de prioridad: conocimientos e información general; habilidad y destreza en el trabajo en equipo; capacidad de aceptar, incluir, sumar; experiencia en consensos, concertaciones; capacidad para formular objetivos concretos sobre la base de una visión elaborada por ellos mismos para su propia comunidad; objetividad; sentido comunitario y de dependencias...; etc. El ocuparse de la participación ciudadana, es una tarea compleja, una tarea, que de desear lograrla sostenible- y perdurablemente, sólo es posible entrando en las mismas “entrañas” de las comunidades, con el fin de instalar en ellas la necesidad. Esto se logra únicamente aprendiendo a aceptar el cómo son las comunidades y tener como regla laboral el “aprender haciendo”. Ya lo había afirmado P. Freire “nadie educa a nadie, sino que los actores del proceso se educan mutuamente.
*Asesor de diez Iniciativas del Programa de Apoyo a las Iniciativas Ciudadanas
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